17 de junio 2005 - 00:00

Olvido I

Emotivo el discurso del presidente Kirchner ayer en la Casa de Gobierno en el 50º aniversario del bombardeo a Plaza de Mayo por aviones navales en 1955. Dejó dudas al decir que, si no hablara como presidente sino como Néstor Kirchner a secas, no formularía esta crítica. Podría interpretarse que apoyaría el levantamiento contra el general Juan Perón. Entre las víctimas mencionó a los de «un partido determinado», manteniéndose en su postura de que no salga de su boca la palabra «peronista». Pero la principal omisión del acto de ayer fue que nunca mencionó en la recordación de la trágica fecha que también el 16 de junio de 1955, a la noche, fueron ultrajadas y parcialmente quemadas 9 iglesias de Buenos Aires y la Curia metropolitana por agitadores en actos igualmente de barbarie. Ni «peronismo» ni «iglesia» en el vocabulario presidencial no es coherente con su propuesta de unión de los argentinos. El bombardeo fue, ciertamente, un acto burdo y sangriento pésimamente pensado. La quema de los templos católicos, también. Pero, y no hay que olvidarlo, se equivoca Kirchner al decir que en ese momento Perón era un presidente «constitucional». Era presidente desde 3 años antes modificando sin oposición la Carta Magna (los opositores radicales estaban exiliados en Montevideo para salvar sus vidas), que no admitía reelección; gobernaba habiendo estatizado y puesto a favor del gobierno la casi totalidad de los medios de difusión y hasta habiendo expropiado el diario «La Prensa»; las casas de los opositores al régimen tenían los cordones de las aceras marcados con pintura para guiar atentados contra ellos. Fue una barbarie la de los aviones navales, pero en medio de un clima de odio y con democracia truncada, y debe decirse. El progresismo criollo ahora hasta quiere adulterar la historia hacia sus fines. No es serio.

Cristina Fernández, ayer junto a Néstor Kirchner, quien encabezóun acto en la Casa de Gobierno para recordar a lasvíctimas del bombardeo del 16 de junio de 1955.
Cristina Fernández, ayer junto a Néstor Kirchner, quien encabezó un acto en la Casa de Gobierno para recordar a las víctimas del bombardeo del 16 de junio de 1955.
Néstor Kirchner encabezó ayer un acto en la Casa Rosada, en recuerdo del bombardeo a la Plaza de Mayo ocurrido el 16 de junio de 1955. El Presidente pidió «perdón» en nombre del Estado argentino a las víctimas de lo que definió como un acto de «odio, incomprensión e intolerancia».

«Como presidente de los argentinos les quiero pedir perdón a las víctimas en nombre del Estado argentino»,
señaló Kirchner quien destacó que, «si hablara como Kirchner estaría diciendootras cosas».

Como lo hizo ante el aniversario del golpe de Estado de 1976, Kirchner volvió a pedir perdón por actos del Estado. No anunció la quema de iglesias, que siguió a ese terrible atentado, una respuesta igualmente ominosa que promovió el gobierno de entonces.

• Obligación

«Cualquier presidente constitucional debería tener la obligación política y moral de colocar en un lugar de la historia, justicia y memoria que correspondían», destacó durante la conmemoración de los 50 años del ataque a Plaza de Mayo.

En el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el Presidente, junto a todos los ministros y su esposa, Cristina Fernández, encabezó la ceremonia en la que Liliana Bacalja, hija de la primera víctima del ataque, emocionó a los presentes. La mujer leyó la carta que le envió al primer mandatario, y que motivó que fuera invitada.

Bacalja
expresó que era de su familia «la menor, Liliana, y como me ocurre todos los años, el 6 de marzo próximo pasado cumplí 51 años y este año es más relevante para mí. Son 50 años sin mi padre y desde el '55 a la fecha ningún gobernante sentado en el sillón de Rivadaviarescató lo trágico de esa Plaza y lo integró a la historia», sostuvo.

Luego, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, sostuvo que «es difícil de creer que entramos a la Casa de Gobierno como si fuera de uno. Ser escuchados y encontrar soluciones. Es un milagro político que estamos viviendo». Kirchner dijo que sintió «dolor y vergüenza» por el hecho de que un presidente constitucional no le diera la importancia histórica a esa fecha y recalcó que no tiene «resentimiento, bronca o rencor, pero sí convicciones».

Además, definió como un acto de «odio, incomprensión e intolerancia» el bombardeo.

«La reconciliación debe ser con justicia y verdad. Las antinomias las crean los intereses que nada tienen que ver con los intereses de los argentinos y que no creen en su propia patria»,
sostuvo el jefe de Estado.

En otro tramo de su discurso,
Kirchner calificó como un gesto «honrado» y «un acto de justicia» la placa que el titular del Ejército, Roberto Bendini, y el ministro de Defensa, José Pampuro, descubrieron en la Casa de Gobierno en memoria de los nueve granaderos muertos ese día.

Bendini
abogó porque se lleven a cabo acciones que puedan «cerrar definitivamente las heridas».

Antes de las palabras de Kirchner, los ministros y un grupo de Madres de Plaza de Mayo, entre otros invitados, participaron de la proyección de un video en el que se vieron imágenes, en blanco y negro, de la plaza atacada por los aviones de la Marina.

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