Optimista, Macri mezcló buenas y malas noticias

Política

La imagen triunfal de Mauricio Macri alternó a lo largo del domingo buenas y malas sensaciones. Picada con su equipo de campaña, ravioles en la casa de Gabriela Michetti pero también la derrota de Boca Jrs. y la triste noticia de la muerte del hermano de un amigo de la infancia fueron algunos de los altibajos que el jefe del PRO atravesó a lo largo de la jornada.

Empadronado como estudiante, debido a la falta de actualización de las bases de datos electorales, Macri votó a las 12.30 en la mesa 4.639 de la escuela Osvaldo Magnasco, ubicada en avenida Santa Fe 3727 de Barrio Norte. El lugar colapsó de periodistas, custodia policial, curiosos y cámaras de televisión que buscaban registrar una imagen del diputado xeneize. Sintético y cuidadoso de no violar la veda electoral, Macri se limitó a expresar que se sentía «mucho más tranquilo» que en los comicios de 2003 cuando venció en primera vuelta pero cayó derrotado ante Aníbal Ibarra en el ballottage.

Antes de dirigirse al cuarto oscuro, Macri se sumó a la mesa de una confitería en avenida Santa Fe y Scalabrini Ortiz para saludar a Horacio Rodríguez Larreta, Néstor Grindetti, la diputada Paula Bertol, Carlos Tramutola y el candidato a primer legislador Mariano Narodowsky.

El candidato a jefe de Gobierno que más votos cosechó ayer permaneció unos 30 minutos en el restorán atendiendo a la prensa y recibiendo el saludo de algunos clientes y mozos, mientras que muchos transeúntes curiosos detenían su marcha y se acercaban a las ventanas del local para tratar de capturar la sonrisa macrista con una foto de teléfono celular.

  • Almuerzo

    Luego de emitir su voto, Macri partió junto con Rodríguez Larreta, Grindetti, Tramuttola, Narodowsky, Avelino Tamargo y Jaime Durán Barba a la casa de su compañera de fórmula Michetti, en Pasco e Independencia, barrio de San Cristóbal. Allí almorzaron ravioles de ricota y se enteraron del fallecimiento del hermano de Nicolás Caputo, un colaborador e íntimo amigo de Macri.

    Luego de transmitirle sus condolencias a Caputo, el candidato del PRO arribó al búnker a las 16.30. A esa hora el local «Che Tango» de La Boca estaba todavía semivacío. Una incansable Bertol se encargaba de coordinar por handy a toda la tropa macrista mientras el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba repetía que no habría nacionalización de la campaña en la segunda vuelta electoral.

    Macri permaneció aislado, sin hacer declaraciones a la prensa. Mantuvo reuniones periódicas con su mesa chica para evaluar las primeras encuestas pero mantuvo la calma y evitó mostrarse triunfalista ante las cámaras y los micrófonos. Además de sus colaboradores políticos, sólo lo acompañaron sus hijos y su madre.

    Poca comida hubo para los invitados. Apenas unos sándwiches de miga y gaseosas para pasar una larga tarde plagada de bocas de urna alentadoras que generaban rostros de euforia contenida en Rodríguez Lareta y Cristian Ritondo. El local boquense donde Macri montó su comando de campaña estuvo decorado para la ocasión: las paredes fueron cubiertas con una gigantografía de la avenida 9 de Julio y en los parlantes retumbaban versiones electrónicas de tango. Casi un after hour político de no ser por la falta de aperitivos y la escasez de alimento.

    A medida que la tarde se escapaba y la noche confirmaba la derrota de Boca Jrs. ante Colón de Santa Fe, el fútbol pasaba a un segundo plano entre los macristas.
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