26 de julio 2004 - 00:00

Otra crisis: tambalea el jefe de la Federal

Eduardo Prados
Eduardo Prados
El comisario mayor Néstor Vallecca puede inaugurar un récord sin antecedentes en la historia de la Policía Federal: ser el hombre que menos duró como jefe de esa fuerza de seguridad. Ese cargo será -en los planes del gobierno-para Jorge Oriolo, actual jefe de Superintendencia de Investigaciones. La definición se tomaría esta semana. Los activistas de organismos de defensores de derechos humanos tienen sitiado a Vallecca y hacen fuerza para impedir que su designación sea confirmada por Néstor Kirchner. Le han acercado al Presidente un dossier con los antecedentes del policía que lo sindican como el gestor de la represión de setiembre de 1998, cuando la Federal desactivó el escrache que la agrupación HIJOS (hijos de desaparecidos) realizó frente a la casa del ex comisario Miguel Etchecolatz. De paso, le colaron un dato que no figuraba en los registros del gobierno: Vallecca integró la custodia presidencial del ex general Roberto Viola, hace más de veinte años.

Esa información resultará determinante para congelar el nombramiento del comisario mayor como jefe de la Federal. En ese sitial lo puso el jueves el vicepresidente Daniel Scioli y el desplazado ministro de Seguridad Gustavo Béliz, por una orden que recibieron por teléfono desde Venezuela. Esta vez, Scioli tuvo la visión de anticipar que esa designación podía desvanecerse cuando el Presidente regresara al país. Intentó así evitar quedar entrampado en el perverso juego de marchas y contramarchas que Kirchner suele poner en práctica con sus funcionarios. Por lo menos, no quedaría desautorizado ante la opinión pública si, como todos piensan, el Presidente decide mandar a la casa a Vallecca.

El vertiginoso y corto ascenso de Vallecca llegó tras el portazo que pegó el ex jefe (y hombre preferido de Béliz) Eduardo Prados. El gobierno se empeña en afirmar que Prados fue echado porque no cumplió la orden de apostar a la Guardia de Infantería sin armas durante la movilización del jueves último. El día de la manifestación, Prados colocó una primera y segunda línea de policías sin armas, pero la tercera fue pertrechada para hacer frente a un posible ataque violento como el que ocurrió en la Legislatura porteña cuando se iba a votar el nuevo Código de Convivencia. El gobierno lo interpretó como una desobediencia y un abierto desafío al presidente Kirchner.

La historia real es que el ex jefe policial había redactado su renuncia el miércoles por la noche, «cansado -dicen sus hombres de confianzadel manoseo al que fue expuesto-» durante su mandato.

Un alto mando de la fuerza le reconstruyó a este diario el diálogo que Prados mantuvo con algunos de sus subordinados de la plana mayor: «Es una deshonra para la Policía dejar las armas de lado, es una decisión política con la cual no coincido. Como jefe de la fuerza no puedo tolerar tamaña ofensa, por lo tanto, señores voy a renunciar».

• Imperdonable

La misma frase se la dijo a Béliz y éste se la reprodujo al Presidente.

Sin embargo, hay quienes aseguran que
Prados debió renunciar forzado por su propia tropa. En esa fuerza de seguridad se consideraba como «imperdonable» que su jefe los enviara a la calle a enfrentar a los grupos más radicalizados y violentos desprovistos de los medios necesarios para enfrentar un ataque.

El jefe de la Federal y su tropa
habían quedado descolocados en dos episodios clave: el copamiento de la Comisaría 24ª de La Boca, tomada por el piquetero Luis D'Elía y sus milicias callejeras, y en el ataque a la Legislatura porteña. La televisión mostró hasta el hartazgo cómo los policías se refugiaban en el histórico edificio, mientras una enfurecida horda -que se sindica como «amiga» del gobiernoquemaba puertas y destrozaba vidrios por doquier. Para colmo, cuando la Infantería intentó un avance le ordenaron replegarse. Los grupos de manifestantes entendieron esta actitud como un triunfo y se envalentonaron. Los resultados de la desacertada decisión quedaron a la vista.

La salida de
Prados deja a la Federal inmersa en una nueva crisis. Vallecca duda en probarse el traje de jefe y, hasta ayer, nadie aseguraba su permanencia al frente de la fuerza de seguridad más importante del país. Se cree que su alejamiento es inminente «por su pasado» al frente de la Comisaría 19ª y su accionar con la agrupación HIJOS. Sin embargo, el comisario mayor ni siquiera está imputado por ese episodio. La única causa que existe en la Justicia es contra la Dirección de Orden Urbano (que no dependía de esa comisaría), por la represión que llevaron adelante en la Facultad de Ciencias Sociales.

De todos modos,
el gobierno tiene reservado el cargo de jefe de la Federal para el comisario mayor Oriolo. Otro sector cree que ese puesto podría recaer sobre un jefe policial que tiene buena llegada a la comunidad u Oscar Natalio, actual superintendente de Seguridad.

Si produce el recambio, quienes casi con seguridad deberán irse son:
Juan Carlos Botallo, jefe de la Superintendencia de Interior; Eugenio Morales, de la Superintendencia de Administración y Bienestar, y Pedro Miguel Muñoz, superintendente federal de Bomberos y único sobreviviente de la era de Roberto Giacomino.

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