El único dolor de cabeza que amenazó empañar el inicio de la gira de Cristina Kirchner en España provino, justamente, de Santa Cruz. Allí el gobierno tuvo que enviar unos 300 gendarmes para reforzar la seguridad en Puerto Deseado, donde ayer permanecían piquetes de manifestantes a lo largo de la costanera frente a las principales empresas pesqueras, cuatro de ellas incendiadas en la revuelta de los últimos días (ver Ambito Nacional).
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El problema es que esos ataque destruyeron parte de las plantas de las españolas Arbumasa, Argenova, Empesur, Pescargen, Santa Cruz y Vieira, justo en momentos en que la primera dama y candidata presidencial se encuentra en España.
Algunos de esos hechos se colarán en medio de la apretada agenda que inicia hoy la primera dama con un almuerzo a solas junto a los reyes en Palacio de Marivent, residencia de verano de la familia real. Las protestas no se escucharán durante ese glamoroso encuentro, pero empresarios de distintos colores ya pidieron audiencia en Madrid para verla y alguno de ellos con seguridad hará mención al caso.
Antecedentes ya existen: el sábado pasado una nota de la Embajada de España pidió al gobierno argentino «garantizar la seguridad de las personas y los bienes» y el presidente regional de Galicia, Emilio Pérez Touriño, también le hizo llegar al gobierno argentino su preocupación por los daños «significativos y relevantes» que padecieron las pesqueras.
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