Otra vez Kirchner se pega a victoria
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El partido neuquino -el único que se mantiene fuerte de aquella pléyade de organizaciones provinciales que vieron la luz a la caída y proscripción del peronismo, pero después se apagaron bajo la absorción de peronistas y radicales- supo gestar, como los aztecas, el antídoto a sus propias contradicciones bajo una fórmula sencilla pero eficaz: liderazgos fuertes e internas sangrientas que fueron renovando la totalidad de sus cuadros. La relación entre Sapag y Sobisch -ambos líderes, uno que se va y el otro que regresa- no está exenta de rispideces. Pese a que Sobisch aterrizó en el viejo fuerte de torreones de calle Rioja (Casa de Gobierno) de la mano del ex senador Elías Sapag y tuvo como ministro, primero y vicegobernador,después, a su hijo Jorge, su consolidación de poder y su exposición como hombre fuerte del emepenismo, lo alejaron de sus antiguos aliados. Ambos harán esfuerzos para mantener la gobernabilidad, pero uno y otro saben que hasta el 10 de diciembre será un matrimonio por conveniencia. El cuadro de la deuda y sus vencimientos serán lo primero que Sapag pondrá bajo la lupa. Para ello ha designado a su hermano Elías «Gringo» Sapag, quien ya fue ministro de la Producción de Sobisch para empezar a monitorear la situación financiera que lo preocupa ostensiblemente. El segundo punto es el negocio petrolero a partir de la renegociación de las áreas secundarias, una discusión que excede lo provincial para insertarse en la pelea por la explotación de los recursos naturales con la Nación.
Es indudable que Sobisch buscará afianzarse en el centroderecha nacional, mientras que Sapag tratará de navegar entre la defensa de los intereses provinciales y la transversalidad centroizquierdista que levantará Kirchner.




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