Graciela Ocaña, interventora del PAMI que goza de fueros por mantener su banca de diputada, está a punto de sellar un «pacto negro» con Hugo Moyano: se trata de la incorporación de un representante del MTA a la conducción de la obra social de los jubilados. El MTA, Movimiento de los Trabajadores Argentinos, es la agrupación gremial que encabeza el camionero.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La posibilidad de que la «Hormiguita» concrete esa alianza es una puntada más en el tejido que realiza Néstor Kirchner para contener a Moyano y apartarlo del conflicto lanzado en torno a la reforma laboral. Visto el mismo hecho desde el lado del sindicalista, la incorporación de un hombre propio al PAMI es una interesante moneda de pago para que llegue a un acuerdo en torno a la redacción de una ley laboral sin pedir que caduquen todas las reformas realizadas durante los '90.
Como se pudo advertir en estos días, Moyano moderó mucho sus posturas en relación con la Ley 25.250, conocida vulgarmente como «la de las coimas». A Kirchner le bastó con dejar trascender que «Moyano quiere volver a los años '50" para que el camionero se aplacara. Es lógico: si conseguir una legislación más propicia para su paladar hubiera significado perder sus posiciones dentro del gobierno, la jugada tendría un costo insoportable para él. Y desde el Ejecutivo le advirtieron que si se volvía intransigente en el terreno jurídico, debería dejar libres los cargos que ocupa a través de colaboradores suyos en la Secretaría de Transporte.
Moyano conseguirá más si Ocaña le cumple con lo conversado. La participación en la conducción del PAMI está prevista para un directorio normalizado y las plazas sindicales las debe designar la CGT oficial, es decir, la de Rodolfo Daer (en esa calidad se desempeñaron Domingo Petrecca y Reinaldo Hermoso hasta el arribo de Juan González Gaviola).
•Gravitación
La llegada de un representante del MTA multiplica la presencia, ya muy notoria, del sindicalismo en el instituto de los jubilados. Ramón Granero, el segundo de González Gaviola y de Ocaña, fue sindicalista del PAMI desde hace años, en Santa Cruz. Por eso Kirchner lo designó. Rubén Grimaldi, el gremialista de la Asociación de Trabajadores del Estado, también tiene una gravitación enorme. Se le atribuye, por ejemplo, una fuerte incidencia en el negocio de las ambulancias, gracias al control del servicio por parte de la misma obra social. A pesar de que ATE está encabezada por Víctor De Gennaro, Grimaldi reporta desde el PAMI a Moyano.
Estas nuevas relaciones de Ocaña, que se suman a los vínculos que le aportó Ginés González García en el campo del negocio de las clínicas y sanatorios (gracias a su alter ego Norberto Larroca), garantizan que la «Hormiguita» quede neutralizada mucho antes que Cecilia Felgueras en sus buenas intenciones. La delegada de Fernando de la Rúa pasó de ser la constructora de la «cajita de cristal» a convertirse en el principal nexo entre su jefe y Daer, pero esperó seis meses para la metamorfosis. Ocaña es más ansiosa.
•Infulas
Mientras tanto, Moyano moderó notoriamente sus ínfulas. En principio, dejó de reclamar la anulación de la ley laboral y empezó a pedir solamente la derogación de los artículos más molestos para los intereses sindicales. Tampoco se le escuchó pedir un cambio en el sistema indemnizatorio y menos aún el regreso a la Ley 14.250, de tiempos de Juan Perón (1953). Hay más razones que las dádivas o « mastiquines» que le tira el gobierno para entender esta repentina urbanidad del gremialista: tal vez se conozca todo cuando declaren algunos ex senadores en la causa que tiene entre manosel juez Rodolfo Canicoba Corral. En efecto, hay antiguos legisladores que afirman que en las últimas horas de negociación, previas a la sanción de la ley en el Senado, se produjo un encuentro en el despacho de Jorge Yoma, del que participó el laboralista de Moyano, Héctor Recalde. Después de una larga esgrima verbal, Recalde confesó: «Si éste es el texto, a mí me basta desde el punto de vista técnico. Si Moyano se sigue quejando, no será porque yo se lo aconseje». ¿Será cierto que, al fin y al cabo, la norma no era tan insoportable para el gusto del MTA? Habrá que esperar algunas citaciones de Canicoba para saberlo.
En su acercamiento con el oficialismo, el camionero comienza a quedar desafiado como vocero de la protesta, igual que el piquetero Luis D'Elía (dicen los chistosos de Casa Rosada que el próximo paso de Kirchner es llevarlo a una reunión con Bush para que le dé un beso a Condoleezza Rice). Ahora aparecieron los «piqueteros» del Polo Obrero, que quieren tomar las banderas que Moyano bajó del camión. Ya nadie lo llamará sindicalista rebelde y, con un par de kilos más, lo convocarán a la mesa de «los Gordos». Para esa altura quiere cumplir con su sueño, cada vez más improbable: forzar a Kirchner a aceptar como ministro de Trabajo a Recalde, su cerebro y guía en el mundo legal.
Dejá tu comentario