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11 de mayo 2006 - 00:00

Papeleras acuerdan producción "limpia"

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Atilio Savino, secretario -todavía- de Ambiente y Desarrollo Sustentable ( SAyDS), encarna una categoría hasta ahora desconocida en la cosmogonía kirchnerista: cumpliendo a rajatabla las órdenes del Presidente, no logró sortear el castigo que implica su salida del cargo.

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Al regreso de Viena, Néstor Kirchner ejecutaría la mudanza de Ambiente desde el Ministerio de Salud de Ginés González García hacia, si no hay cambio de última hora, la Jefatura de Gabinete de Alberto Fernández. En el flete desde las oficinas 9 de Julio a Diagonal Sur, se caerá Savino.

Ayer, casi a modo de despedida, el secretario le regaló un gesto último al patagónico: firmó con los principales dirigentes de la industria papelera un compromiso para que desarrollen un plan producción limpia por parte de las pasteras que hay distribuidas por todo el país.

El acuerdo ligó a la Asociación Fabricantes de Celulosa y Papel de Argentina (AFCP) con Ambiente y supone que las empresas modificarán la «modalidad de producción y consumo» que mejore la « eficiencia energética, ahorro de recursos, conservación de bosques nativos y suelos».

  • Proclamación

  • Es un reflejo del conflicto con Uruguay por las papeleras de Fray Bentos que empujó a Kirchner a proclamar, desde Gualeguaychú, que esa pelea era una «causa nacional» y el disparador para catalogar lo medioambiental como política de Estado.

    En rigor, en diciembre pasado, Savino escuchó -vía González García- indicaciones para que acelere el diseño de un plan ambiental con las pasteras para cubrir el frente interno por si se agudizada la crisis con Uruguay. Fue, finalmente, lo que ocurrió.

    Anoche, en el gobierno se detenían a remarcar un dato considerado clave: que en conjunto la industria pastera local tiene la mitad del efecto contaminante que se anticipa tendrán las plantas de Botnia y ENCE que se proyectan a la orilla del río Uruguay.

  • Fortalecimiento

    Así y todo, el diseño de un plan de producción limpia con las pasteras que funcionan fronteras adentro fortalece la postura argentina en la disputa judicial a nivel internacional en La Haya, explicaban ayer voceros ligados al conflicto con Uruguay.

    En paralelo, alimenta el planteo de la Casa Rosada de ubicar la cuestión ambiental como una política de Estado, por lo que se apuró la mudanza de la Secretaría de Ambiente desde Salud hacia la Jefatura de Gabinete o, aunque parece menos probable, directamente de Presidencia.

    Esos sacudones generaron otro revuelo, donde el centro es Savino, a quien la oposición -sin que ningún kirchnerista salga a defenderlo- le reprocha el silencio y el perfil bajo que el funcionario mantuvo durante el transcurso de la crisis de las papeleras con Uruguay.

    Es una trama de múltiples extensiones:   

  • Savino, que pasó largos años como gerente del CEAMSE -donde recibió más de una crítica-, recaló en Ambiente por su vínculo con GGG, luego de que el ministro de Salud esperara durante casi un año que Kirchner firme el decreto que le permitía incorporar a su ministerio el rubro ambiente, tal como se había dispuesto con el retoque de gabinete que produjo el patagónico a su llegada. Por su cercanía con Ginés, Savino heredó el trato frío que recibe desde hace tiempo el titular de la cartera sanitaria.

  • Por ese motivo, y por una decisión estratégica, en diciembre pasado, al estallar la crisis de las papeleras, GGG recibió la indicación de que Savino guarde silencio sobre el conflicto. La Cancillería, a través de Jorge Taiana y la Jefatura de Gabinete, vía Fernández, manejaría la agenda pública. Ni Savino ni Ginés, a pesar de ser los responsables del tema ambiental, debían opinar. El titular de Ambiente cumplió la orden que le valió el castigo de la oposición, argumento que el gobierno avaló con su silencio y la confirmación de que la secretaría cambiaría de ministerio y Savino dejaría el lugar.

  • Ante esa certeza, circuló el nombre de un abogado ambientalista de La Plata, con algún tipo de ligazón a Carlos Zannini, como posible reemplazo de Savino: se trata de Homero Bibiloni. Ese nombre compite con el de Romina Picolotti, especialista en Medio Ambiente que fue galardonada recientemente con el Premio Sofía, en Noruega, contratada ahora por el gobierno nacional para asesorar en el litigio de La Haya, luego de ser consultora de la gobernación de Entre Ríos. Picolotti parece la figura perfecta para darle a la nueva Secretaría de Ambiente la impronta con que, en medio del ruido de las papeleras, Kirchner pretende vestir su plan de política de Estado. Se anticipa que ese cambio se conocerá, con pompa, la semana próxima mientras los técnicos de Zannini tendrán que trabajar contrarreloj para readaptar los contratos internacionales de Ambiente, forzado por su paso de un ministerio a otro.
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