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10 de marzo 2004 - 00:00

Para la izquierda, es un "malvinazo" falso

Identificada con el pensamiento de la izquierda, la página Web IAR-Noticias difundió ayer la primera -y una de las pocas- crítica al gesto de Néstor Kirchner de pagar el tramo de deuda al FMI. Fue pocos minutos después de conocerse la noticia, y el comentario resalta por el silencio que ha dominado al ala izquierda del gobierno, que se tomó vacaciones en diciembre y sigue en silencio sobre las decisiones del Presidente sobre economía. Sólo despertó esa izquierda que sigue de vacaciones para animar el debate sobre la ESMA. Veamos el análisis de ese órgano de la izquierda que sí habla porque no se siente obligada a ningún compromiso de cargos o prebendas de poder.

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Anne Krueger

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Especialista en novelas de misterio, el administrador colonial de la Argentina y su «mesa chica», cada vez que se acerca la hora de «cumplir» con los usureros internacionales, lanza mensajes rupturistas al estilo de «podemos vivir sin el FMI», o «no vamos a pagar deuda a costa del sufrimiento del pueblo argentino», que crean un clima de «malvinazo» contra el Fondo, y luego terminan como terminaron hoy: pagando y acatando los deseos y las imposiciones del capitalismo transnacional.

Según trascendió por distintos medios de prensa argentinos, Néstor Kirchner y la titular interina del Fondo Monetario Internacional, Anne Krueger, se comunicaron telefónicamente este mediodía y acordaron en torno a la segunda revisión de las metas del acuerdo.

Para la Casa Rosada, es el «gesto» que el gobierno estaba esperando.

Aparte de los puntos formales del conflicto que se vinculaban con los atributos del sindicato de bancos y la relación con los acreedores externos, el tira y afloja estaba básicamente centrado en la posición expresada por Krueger y el directorio del FMI: antes de cualquier acuerdo, la Argentina debe pagar los u$s 3.100 millones de vencimientos.

Y como siempre sucede: la «gorda» del FMI sólo flexibilizó su posición cuando escuchó de boca de Kirchner que pagaría religiosamente con las reservas en dólares de la Argentina, que, y como ahora se prueba nuevamente, no están destinadas a reparar la desocupación y las injusticias sociales, sino al pago de las acreencias de la usura financiera que asfixia a la Argentina.

Para hacer más productiva su simulada pelea mediática con el FMI, Kirchner y los suyos extendieron el hermetismo con la finalidad de demostrar que «pulseaban de igual a igual» con las planas mayores del capitalismo europeo y estadounidense.

En plena construcción de un liderazgo continental anti-FMI para Kirchner, el Presidente y su entorno íntimo estiraron la decisión de pago hasta último momento, manteniendo en vilo a la población y a la prensa internacional que se presta al juego del «suspenso», a sabiendas de que el gobierno argentino siempre termina haciendo lo que quieren Washington y el Tesoro de los Estados Unidos.

Kirchner y los suyos, con la complicidad de la prensa y los periodistas locales que avalan y silencian sus maniobras, continúan de esta manera con su estrategia de construir poder político y electoral sobre la base de la demagogia, el doble discurso y las falsas peleas con el FMI que los propios funcionarios de Washington ya se las toman a la chacota.

Por ahora, el equilibrio no se altera: Kirchner grita, el FMI cobra puntualmente, y Bush se divierte con el carácter «temperamental y combativo» de su presidente-empleado en la Argentina.

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