"Me siento muy honrada de formar parte del organismo más representativo de la democracia uruguaya pero, por otro lado, esto también delata una situación de vulneración de todo un colectivo". Con estas palabras, Michelle Suárez, la primera senadora trans de Uruguay, y de toda América, asumió su mandato por el Partido Comunista, en reemplazo de Marcos Carámbula.
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Si bien Suárez está acostumbrada a ser una precursora (además de ser la primera trans en ocupar el cargo de senadora en la región, fue también la primera de su colectivo en recibirse de abogada en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, en Uruguay), considera que eventualmente "este hecho que causa notoriedad, se convertirá en algo anecdótico".
Pese a la particularidad de su caso, para Suárez, no hay ninguna diferencia entre ella y el resto de sus compañeras del colectivo LGBT: "Tal vez sólo una, y es que ellas fueron expulsadas muy jóvenes de su seno familiar".
Hay algo que sin embargo no la deja tranquila, y es la "ola de crímenes de odio" que, según denunció, se registran en Uruguay.
Militante por la igualdad de géneros, y activista de derechos humanos, la abogada de 33 años comenzó a meterse en la arena política a través del proyecto Ovejas Negras, una organización uruguaya que "se propone luchar contra toda forma de discriminación, especialmente contra la discriminación por orientación sexual y/o identidad de género".
"Siempre mantuve una actitud bastante independiente respecto a la política partidaria, porque me parecía que cuando había que entablar el diálogo con otros partidos en la época prelectoral veíamos que muchísimos de los avances en el sector eran diluidos o retaceados en función de cómo cambiaban los vientos políticos", contó en diálogo con ámbito.com.
Periodista: ¿Qué te hizo cambiar de parecer?
Michelle Suárez: Ser una mera espectadora de un proceso eleccionario que yo no iba a modificar no me traía paz en mi conciencia. Entonces decidí involucrarme en la política partidaria a los efectos de apuntalar los logros obtenidos por la sociedad civil.
P.: ¿En este proceso se enmarca tu entrada a Ovejas Negras?
M.S.: Yo ingresé al colectivo en 2009, tras el fallecimiento de mi madre. Me lo propuso una amiga como manera de canalizar el dolor, y una vez que formé parte me di cuenta de que el área del derecho estaba muy abandonada. Así fue como empecé a escuchar las inquietudes y vi que el tema de la modificación de ley de matrimonio era una de las más acuciantes y decidí empezar por esto.
Suárez fue una de las redactoras de la Ley de Matrimonio Igualitario en Uruguay, que fue presentada en 2010 y aprobada tres años más tarde. También es coautora del proyecto de Ley de Cupo Laboral Trans, el cual, al igual que sucede en Argentina, aún duerme en los despachos congresales.
Pero esto no es suficiente para Suárez. La senadora trabaja actualmente en una modificación a la Ley Antidiscriminatoria. "En Uruguay es bastante inocua, porque deja al desamparo a las víctimas, y además los caminos administrativos para acceder a ella son engorrosos. Esto habilita un enorme vacío legal", denunció Suárez.
• Las muertas del Parque Rivera
Tanto en Uruguay como en Argentina, en los últimos años se recrudeció el debate en torno a los asesinatos contra miembros de los colectivos trans y travesti, y la importancia de llevar adelante un registro de los casos.
En el caso uruguayo, una serie de asesinatos contra trans que ejercían la prostitución en el Parque Rivera, en Montevideo, conmocionó a la población local, y delató una serie de problemas que, al igual que en Argentina, se presentaron a la hora de llevar un conteo de los crímenes.
"No teníamos cifras de hechos de sangre cometidos contra trans en Uruguay porque el Ministerio de Interior los catalogaba como hombres disfrazados de mujer. Eso a su vez se replicaba en los medios, que reproducían textualmente esta información", explicó Suárez.
"En la mayoría de estos casos, se demostró que, más allá del móvil que supuestamente era el robo, había un elemento de odio, evidenciado en la tortura previa contra esas personas", explicó Suárez, para quien hay "una ola" de este tipo de asesinatos. "O al menos del registro que se tiene de ellos, que antes no existía", explicó.
Recién este año la Federación LGBT (FALGBT) junto a la Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina, la Fulana y la Defensoría LGBT del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires pudieron sistematizar el primer informe del Observatorio de Crímenes de Odio hacia esa comunidad.
Según el relevamiento, durante 2016 hubo 31 crímenes de odio en Argentina, teniendo en cuenta solamente los casos que fueron denunciados o cubiertos por los medios de comunicación. El mayor porcentaje corresponde a las mujeres trans, el segundo a lesbianas, y en tercer lugar, a varones gay.
P.: ¿Cómo contrarrestar estas cifras?
M. S.: Existe una Ley de Identidad de género pero es meramente cosmética, porque registra el status jurídico, pero en la práctica lamentablemente muchas veces no se sabe dónde poner a las personas trans en las cárceles, o en los institutos psiquiátricos. Hay que trabajar en su implementación.
P.: En lo que hace a los crímenes de odio, ¿considerás que hubo un avance en Uruguay en términos de llevar adelante un registro de los casos?
M. S.: Es cierto que se habla más del tema. Antes lo que sucedía era que esos casos se pasaban por alto porque se los anotaba como "hombres asesinados en el Parque Rivera" u "hombres disfrazados de mujer", y logramos que esto sea revertido.
• Construirse para deconstruir
Históricamente, los festejos de quince años de las adolescentes en América Latina representan su transición de niña a mujer y su presentación en sociedad. Para Suárez no fue la excepción. A esa edad, la senadora asumió públicamente su identidad de mujer.
P.: ¿Recibiste el apoyo de tus padres?
M.S.: Fue un momento de muchísimos cambios, porque si bien recibí el apoyo de mis padres al mismo tiempo comencé a recibir el hostigamiento y el castigo social de todo mi entorno, especialmente de mis compañeros de escuela, por lo que comencé a desarrollar estrategias de sobrevivencia, para no tener que abandonar mis estudios. Tuve una infancia feliz pero una adolescencia dura.
P.: En tu discurso de asunción dijiste a muchas de tus compañeras se les hace imposible tener las mismas oportunidades que a vos se te presentaron...
M. S.: La única diferencia que existe entre mi historia de vida y la de las demás es que, a diferencia de ellas, que fueron sistemáticamente expulsadas de su seno familiar a muy corta edad, en mi casa yo fui protegida, y por lo tanto los problemas y los enemigos estaban afuera, no dentro de mi casa. Eso hace que puedas pararte ante la adversidad desde otro lugar, y puedas apropiarte de herramientas para poder realizarte en tus vocaciones y en tus sueños como ser humano. Esa es la única diferencia. Por lo tanto, la lucha pasa por luchar por más oportunidades, para que haya muchos más casos de personas que puedan realizarse.
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