Nadie esperaba lo que está ocurriendo. Que Cristina Fernández de Kirchner sea una candidata muda. Su esposo trajina las tribunas pero ella, que aspira a conquistar una banca de senadora por la provincia de Buenos Aires, sólo luce para las fotos periodísticas. A lo sumo, algún afiche. Todo en silencio. Dicen que es por aquella primera experiencia, desafortunada, en la que llamó a Eduardo Duhalde «El Padrino». Como si la candidata tuviera cierta incontinencia verbal.
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Infamias del duhaldismo, claro. Porque si alguien quiere escuchar a Cristina para decidir si merece ser votada, podrá hacerlo entre el 16 y el 17 de setiembre próximos. Eso sí, deberá trasladarse a Washington DC para asistir a un seminario en el que, paradójicamente, la Universidad George Washington organizó un seminario sobre experiencias exitosas de comunicación.
En el elenco de expositores habrá expertos en comunicaciones de empresas y gobiernos, como el mexicano Darío Mendoza, voceros oficiales como su compatriota Mauricio Reyes, lobbystas como el brasileño Eduardo Ricardo y también periodistas como la colombiana Patricia Janiot. La candidata es presentada allí como senadora y asambleísta constituyente provincial (no nacional, que también lo fue) y primera dama de un gobierno que, afirman los organizadores, «goza de 77% de popularidad».
Cristina Kirchner, quien como su esposo jamás concede un reportaje si no es con prensa controlada y cuestionarios pautados, hablará sobre «medios de comunicación y su efecto político», «comunicación desde las gobernaciones», «manejo de las oficinas de comunicación», «manejo de la relación gobierno-prensa», etc. La oportunidad de escuchar a la candidata, entonces, está habilitada. Eso sí, además de viajar a la capital de los Estados Unidos, quienes quieran hacerlo deberán pagar 780 dólares si se inscriben antes del viernes. Si no, el seminario cuesta 100 dólares más. A apurarse.
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