15 de julio 2004 - 00:00

Para pensar

Raúl Castells tomó con cierta violencia dos sedes, las de Repsol YPF y McDonald's. Esos dos antecedentes le bastan. En cada empresa que va a pedir ayuda -«para los mil comedores» que invoca poseer-lo reciben. Y ahora hasta aceptan a sus lugartenientes, lo cual le da más campo de acción. Ayer esos lugartenientes fueron recibidos para hacer sus pedidos en Chevron-Texaco, mientras él encabezaba una marcha contra el tambaleante fiscal (con licencia) Pablo Lanusse, que está haciendo una pésima gestión como interventor en Santiago del Estero, a tal punto que si los Juárez se presentaran a una elección arrasarían más que nunca. Castells está derivando en un político práctico. En sus marchas no hay encapuchados, como ocurre en las del Polo Obrero o la CCC, por lo cual asusta menos y obtiene más. Cada vez que el Sheraton renueva colchones de las habitaciones le da los usados en bastante buen estado. Le ceden alimento y muchos elementos. No pierde el tiempo sólo en ocupar calles, como los otros piqueteros duros, sino el espacio indispensable para sus movilizaciones. Pero está creando un verdadero movimiento social que preocupa a los sindicalistas burócratas, que cuentan con aportes compulsivos por ley, pero que no son queridos ni tienen adherentes tan fieles, y también al gobierno. ¿Qué puede hacer éste ante donaciones de empresas que prefieren no irritar a nadie -algo lógico, si la Casa Rosada tampoco los enfrenta, aunque sería su obligación-y además se salvan de eventuales destrozos que costarían mucho más que el precio de tarros de leche en polvo, fideos y enlatados? Los otros piqueteros espantan gente. Los del barbado Castells suman. Ayer, con estrategia, impidieron el remate de una vivienda hipotecada y se atraen a todo un sector. Inclusive ya van a buscar a Castells para reivindicaciones. El gobierno se amarga porque maneja todo el dinero social del Estado y no puede reunir gente en actos públicos, salvo en el momento de la entrega de algún subsidio específico. El MIJD de este líder piquetero es toda una incógnita, inclusive para los partidos políticos. Nadie sabe qué hacer.

El ala de piqueteros más duros, amenazantes con palos y capuchas, ayer en la Plaza de Mayo, después de haber recibido una negativa del gobierno a su lista de pedidos, que incluye más cupos en planes sociales.
El ala de piqueteros más duros, amenazantes con palos y capuchas, ayer en la Plaza de Mayo, después de haber recibido una negativa del gobierno a su lista de pedidos, que incluye más cupos en planes sociales.
La práctica de reclamar alimentos a empresas privadas, que los seguidores de Raúl Castells vienen instrumentando desde hace meses, agregó ayer otro capítulo: la petrolera Chevron-Texaco, una de las mayores exportadoras del país, se sumó a la larga lista de compañías abordadas por los piqueteros.

Desde mayo pasado, cuando Castells encabezó una movilización hasta la sede de Repsol YPF -que terminó con la toma del hall de esas oficinas por parte de los activistas-al menos, otras seis firmas privadas recibieron «visitas» piqueteras.

Los bancos Citibank, Galicia y Comafi, el hotel Sheraton y la cadena de comidas rápidas McDonald's figuran en la nómina de compañías a las que el Movimiento Independientes de Jubilados y Desocupados (MIJD) de Castells elevó pedidos de alimentos y otros productos.

Ayer fue el turno de Chevron-Texaco. Durante la movilización desde la Corporación de Rematadores -donde impidieron una subastahasta el Ministerio de Trabajo, en donde los recibieron funcionarios, una comitiva del MIJD presentó un petitorio en la petrolera.

Castells
no fue parte de ese recorrido: ayer se dedicó, en Santiago del Estero, a comandar una marcha contra la intervención Federal de Pablo Lanusse (ver Ambito Nacional).

Esa mecánica continuará siendo instrumentada por el grupo de Castells. «Vamos a seguir pidiendo a las empresas que nos ayuden a mantener los más de mil comedores», aseguró ayer Daniel Aguirre, coordinador del MIJD de la zona oeste.

De todos modos, desistieron por ahora de activar con violencia. Salvo en los casos Repsol YPF y McDonald's, donde los piqueteros tomaron oficinas o locales de esas firmas, ahora se limitan a dejar un petitorio y esperar una respuesta de los directivos.

Claro que, con los antecedentes de Repsol y McDonald's, la mayoría de las compañías accede a los pedidos de los piqueteros. Por caso, ya consiguieron que el hotel Sheraton les entregue colchones y que el Banco Galicia los incorpore a su plan de Responsabilidad Social.

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