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25 de marzo 2002 - 00:00

Para preocuparse: reapareció Moreau

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Leopoldo Moreau

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Por su ingreso como senador o diputado reiteradas veces se lo considera a Moreau el «rey del disimulo en las listas sábana». En la última, su partido perdió con Raúl Alfonsín que logró menos de un voto de cada diez del padrón bonaerense, pero el inefable Moreau retornó a la Cámara de Diputados envuelto por la «sábana». Antes había sido senador «por la minoría», creación del mismo Alfonsín en 1994 que encareció sobremanera el «costo de la política» pero que, precisamente, le sirve a los correligionarios con escasa imagen pública para recibir votos directos a filtrarse en cargos parlamentarios.

Pero no sólo en eso de escurrirse en las «listas sábana», lamentablemente, reside este pintoresquismo de Moreau que lo destaca. Si se hiciera un ranking de los políticos que llevaron a esta crisis económica terminal hoy de la Argentina estaría entre los diez primeros («responsables pero no cómplices» en la misma terminología «moreauniana). Porque persistir por años en la vida pública sin tener arraigo en la gente requiere el uso de un instrumento político alarmante para los países: continuos déficit de sus presupuestos oficiales (nacionales, provinciales o municipales).

Moreau exige con prepotencia integrar esas «listas sábana partidarias» porque siempre contó con un formidable aporte de fondos públicos del Estado para designar seguidores, punteros y «ñoquis», más procurarles sustanciosos aumentos y puestos en el escalafón en casi todos los organismos oficiales aunque el preferido haya sido la quebrada ANSeS.

A otro correligionario, de casi idéntico estilo de subsistencia política, Federico Storani, le dejó, a su vez, quebrar al PAMI donde designó desde su hermano Juan a otros familiares, además de miles de empleados y «ñoquis».

Storani tiene una diferencia con Moreau: un día creyó que era tan nutrido su «clientelismo» en puestos del Estado para ganar cargos en las internas radicales bonaerenses que podría pedir el voto de afiliados de todo el país. Al abandonar la cautela y sin tener asumidas sus limitaciones sufrió un golpe casi de bochorno: no pudo ganarle la interna partidaria ni siquiera a Horacio Massaccesi, el ex gobernador de Río Negro, para la fórmula presidencial que debía enfrentar nada menos que a Carlos Menem-Carlos Ruckauf en 1995 y perder por altos guarismos electores (sólo 17% reunió de los votos en todo el país, ubicando al radicalismo tercero, después de Bordón-Alvarez).

Leopoldo Moreau -vía predominio en las internas radicales a las que domina por tanta gente que le hace pagar al Estado- influye en el Parlamento nacional y en el bonaerense, un cóctel explosivo para el país en gasto estatal porque son los dos mayores presupuestos.

Lo dejó avanzar en lo que propusiera a Eduardo Duhalde, cuando fue gobernador (1991-1999) pero su víctima preferida fue el débil Carlos Ruckauf cuando asumió como gobernador sin muchos conocimientos provinciales, de afanes personales en proyección política y con minoría en las dos cámaras bonaerenses. «Papita pa'l loro» habrá pensado Moreau y quintuplicó sus demandas de favores del nuevo gobierno provincial justicialista más los que logró del gobierno radical metido en la Alianza, aquí vía ANSeS.

La consecuencia es conocida: hace 15 días el gobernador actual bonaerense, Felipe Solá, debió admitir que el déficit provincial, que ya como malísimo se calculaba en 1.700 millones de dólares, en realidad fue en 2001 de 2.900 millones de dólares más 1.230 millones de «incobrables» trasladados a la gobernación por el derrape del Banco Provincia.

Políticos como Moreau y Storani hablan siempre de «impunidad» frente a la corrupción. Consideran que ésta existe sólo si alguien hace un negociado personal por 30 o 40 millones de dólares. Pero jamás estiman que también es corrupción -y mucho más cara- robarle al Estado con designaciones y «ñoquis». O distribuyendo planes Trabajar del Estado, como fue acusado Jesús Rodríguez, entre partidarios universitarios.

Sumando todas las corrupciones puntuales de los últimos 12 años -hasta incluyendo las de inspectores municipales- no se llegaría ni a 10% de los 4.200 millones que este accionar de los políticos produjo en sólo un año, no en 12, en el presupuesto bonaerense.

Los déficit acumulados de la provincia de Buenos Aires en los últimos años, a su vez, son los que llevaron al actual estallido económico, aunque personajes como Moreau y similares se lo quieran atribuir genéricamente «a los bancos», al «neoliberalismo» o a los «planes del Fondo».

Cuando el Fondo Monetario habla tan insistentemente de «arreglar el gasto con las provincias desde el Estado nacional» en realidad se está refiriendo -en no menos de 80%- a ese tremendo déficit bonaerense. Por eso, pese a moverse con disimulo en segunda línea menos visible, son tan decisivos y peligrosos políticos como Moreau, Storani y otros del mismo tipo. También deben ser identificados -más ahora que intentan reaparecer- porque en la Argentina no hay salida si no se nivelan los déficit del sector público y estos individuos son sus fogoneros.

Veamos las afirmaciones del pintoresco «listista» Moreau con Timerman con abierto desenfado como si él pudiera ser acusador en este desastre actual de la Argentina. Más aún: no reconoce sus culpas.

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