Paradoja jesuítica: más votos para Piña, ¿menos poder para Bergoglio?

Política

¿Quién lo hubiera dicho? En la Casa Rosada siguen cada día con más interés los preparativos del neo-funeral de Juan Domingo Perón. No porque Néstor Kirchner y su entorno se estén envolviendo en la corriente de fervor que despierta entre los sindicalistas el paseo del cadáver del General por el sur del conurbano, en busca de una morada acaso definitiva en la quinta de San Vicente. El Presidente y su entorno encuentran un atractivo menos emocionante en la fecha y en el prócer: la ceremonia que tanto excita a los sindicalistas para él sólo ofrece la posibilidad de evitar otro traslado, hacia la provincia de Misiones, tal como se lo prometió a Carlos Rovira.

No es que en el gobierno existan pronósticos sobre la elección de constituyente de esa provincia tan negativos como los que se publicaron en la prensa durante el fin de semana pasado. Mucho menos que se espere lo que, con un juego de palabras, definió un aguerrido obispo del Noroeste: «La piña de Piña», es decir, del prelado que compite con la prima de Rovira en los comicios del próximo 29. Pero, hay que admitirlo, en la Casa de Gobierno se muestran ganados por la prudencia: ¿para qué tomar un riesgo innecesario en un territorio que no se conoce? Los números, es cierto, no se ofrecen tan alentadores como aparecían en las encuestas que se encargaron para antes de que viajara el Presidente, hace ya dos semanas.

  • Ambivalencia

    Paradojas de la política, quien aparece como el padrino nacional de la operación, el cardenal Jorge Bergoglio, gana en votos en Misiones lo que pierde en poder a como líder principal de la Iglesia. Una ambivalencia que impide al gobierno festejar más abiertamente las últimas peripecias del cardenal. La primera dificultad para Bergoglio llegó desde donde siempre llega: Roma. Desde allí precipitaron la jubilación de Piña, desconsiderando un pedido especial realizado por él ante la Secretaría de Estado. Las razones por las cuales desde la Santa Sede se desautoriza al primado Néstor Kirchner Juan Perón en las designaciones y movimientos de obispos suelen buscarse en el pasado. Su desafío a la candidatura de Joseph Ratzinger durante el cónclave, acaso demasiado agitada por la prensa especializada, es la más cómoda para explicar el entredicho. Pero ya hay quienes sospechan que el motivo de la discordia podría estar en el futuro. En Roma las piezas las mueve Leonardo Sandri, el sustituto de la Secretaría de Estado. Con la salida de Angelo Sodano de esa alta jerarquía, es posible que Sandri también deba abandonar su pequeño timón, tan influyente para la política eclesiástica de su país. En rigor, Sandri y Bergoglio casi tienen hoy un solo punto de afinidad: el afecto por Marcelo Martorell, designado como nuevo diocesano de Iguazú. Sandri es íntimo de Martorell y su principal impulsor al obispado. El jesuita porteño, por su lado, trabó amistad con el nuevo colega cuando ambos, por distintas razones, se cobijaban bajo el manto generoso de Raúl Primatesta, en Córdoba.

    Por lo demás, lo que ha comenzado a sospecharse ahora es que el astuto Sandri quiera convertirse en Arzobispo de Buenos Aires y acceder desde esa posición al cardenalato. La fría relación del Nuncio Adriano Bernardini con el primado reforzaría esta hipótesis: fue Bernardini el más solícito en agilizar el trámite por el cual Piña fue decapitado antes de pasar por las urnas. Diplomático, «el Bambú» (así lo llaman los prelados por sus anteriores destinos en Tailandia y Camboya) promete a sus íntimos «no inmiscuirse en la trama local» y poner la mirada sólo en lo que sucede junto a la silla de San Pedro.

    Mientras aíslan a Bergoglio desde la sede central, Roma, tampoco sus hermanos obispos lo acompañan en todo. Jorge Casaretto, es sabido, comulga con los Kirchner más que ningún otro (error: hay que excluir a Miguel Di Monte, el amigo de Julio De Vido): no sólo tiene un buen trato con Néstor sino también con Alicia, dadas sus responsabilidades sobre «Cáritas». Además, se trata del responsable pastoral de la quinta de Olivos: asumir posturas demasiado críticas podría ser para Casaretto faltar a los deberes del pastor.

  • En alza

    El otro obispo proclive a encontrar coincidencias con el gobierno es Agustín Radrizzani. Es el titular de Lomas de Zamora y hay que seguirle los pasos: se trata de un salesiano que recorrió todos los escalones del «cursus honorum» de su congregación (maestro de novicios en el seminario, rector de seminario, inspector, etc.) Sucede que ahora los hijos de Don Bosco están en alza: Tarcisio Bertone, el nuevo secretario de Estado y sucesor de Sodano, es uno de ellos. No habría que despreciar un teléfono rojo Lomas-Roma (lástima para Radrizzani: llegó unos meses tarde Bertone para él, que soñaba ser obispo de Rosario si no fuera porque Sandri y Esteban Caselli prefirieron a José Luis Mollaghan).

    Casaretto y Radrizzani expresan a un sector del episcopado que busca terminar con la «querella de las investiduras» que se abrió con el caso de Antonio Baseotto. El salesiano fue pragmático, como suele serlo en su congregación: «Las palabras se las lleva el viento», dijo hace pocos días.

    La mala racha de Bergoglio no termina en estas disidencias. Desde el seno del propio Arzobispado pretendieron darle de baja a su vocero sin, al parecer, consultarlo. Guillermo Marcó había afirmado, ante una pregunta específica: « Desconozco lo que inspira al Presidente, lo que tiene en su corazón; pero si un presidente provoca divisiones, sería un problema.» Los diarios titularon, claro, que «Marcó dijo que Kirchner provoca divisiones» lo que habría servido a la vocera del vicario Eduardo García (alguien llamado Virginia Bonnard) a emitir un comunicado desautorizando al sacerdote. El malentendido sirvió a Aníbal Fernández para sustituir su presunta preocupación por la aparición del albañil Julio López por un desvelo desconocido por litigar con la Curia (toda una apuesta para un candidato a gobernador de Buenos Aires).

    Bastó para que el semanario «Newsweek» publicara como un reportaje con fotos de archivo una conversación informal con Marcó (en este caso como presidente del Instituto del Diálogo Argentino, un organismásmo ecuménico) para que sobre Bergoglio cayera más lluvia ácida: ahora querían convertirlo a su vocero en una especie de Martín Lutero resucitado.

  • Reaparición

    La operación interna por conquistar la vocería del cardenal primado reapareció una y otra vez en los últimos meses. En todos los casos, al parecer, choca contra el mismo frontón: Bergoglio confía en Marcó allá de malentendidos y enredos. No en vano fue él quien lo defendió en situaciones más delicadas que las actuales, cuando se lo acusó de estar complicado en la desaparición de curas tercermundistas durante el gobierno militar o cuando el arzobispado quedó envuelto en el escándalo de préstamos apócrifos de la familia Trusso, causa que llevó al antecesor de Bergoglio, Antonio Quarracino, a declarar al Departamento de Policía.
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