18 de marzo 2005 - 00:00

Penoso

En un programa televisivo por cable se presentaron Hugo Moyano, triunviro de la CGT y titular del belicoso gremio de camioneros, y Luis D'Elía, ya reconocido como jefe de las fuerzas de choque que responden al gobierno a través del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. D'Elía declaró ante los periodistas Marcelo Bonelli y Gustavo Silvestre que sus piqueteros van a actuar contra todas las empresas que suban los precios.

Enfrentaron en debate al diputado demócrata progresista Alberto Natale, quien, en forma muy mesurada, le explicó a D'Elía que el aumento de la cotización del dólar que él quiere significa una baja del salario real cuyo aumento reclamó en otra mesa Moyano. Silvestre le preguntó por qué Raúl Castells está en prisión y él permanece libre luego de haber tomado una comisaría, que es un hecho institucionalmente más grave. D'Elía bajó la cabeza y dijo: «Yo tomé una comisaría porque hubo un asesinato cuyos instigadores aún no se conocen y no fue por andar pidiendo sándwiches en un casino». Lo hizo bajando la vista y sabiendo que goza del privilegio de la libertad por su adhesión incondicional al presidente Néstor Kirchner.

El asesino del dirigente de su agrupación, que vivía en la vereda de enfrente, desde el mismo hecho de la disputa de barrio está detenido, y en la Justicia se sabe que no hay «instigador» por arriba como pretende este dirigente piquetero.

Moyano, a su vez, en el mismo debate, enfrentó al empresario Cristiano Rattazzi, de Fiat. Tratando de ser moderado y con anteojos sin ningún aumento para darle aire de seriedad e intelectualidad, le dijo a Rattazzi: «Hemos acordado con la UIA que el salario en la Argentina está bajo. Ustedes se quejan porque el gobierno dispone aumento por decreto, pero, si no lo acordamos entre CGT e industriales, alguien lo tiene que disponer». Con mucha serenidad, Rattazzi lo desarmó al decirle: «Los industriales son una parte, pero hay otros muchos sectores a los que puede afectar una suba del salario. Aparte de eso, podemos aceptar que el salario está bajo, pero los aumentos deben corresponder por productividad porque, de lo contrario, pasan a precios, y luego el gobierno se enoja. Por otra parte, los salarios en la Argentina, con los aumentos que dispuso el gobierno, ya están un poco por arriba de los de Brasil, que es un país al cual debemos enfrentar permanentemente en sus exportaciones industriales que destruyen fábricas aquí».

Rattazzi le quiso explicar que el salario puede ser insuficiente, pero, si eleva los costos de la industria, destruye empresas, porque ingresan los productos brasileños con menores costos de producción. O sea que la Argentina tendría trabajadores mejor pagos, pero en menor número, porque aumentaría la desocupación por el cierre de fábricas y la imposibilidad de competir. Claro que, tradicionalmente, a los sindicalistas argentinos sólo les preocupa los que trabajan, que son los que pueden pagarles cuotas gremiales más elevadas, y no les interesa los que pasan a ser desocupados.
 
Cabe agregar que D'Elía, en el mismo programa por cable, se dedicó a citar uno por uno a los diarios, incluido
Ambito Financiero, que criticaron su accionar contra las empresas Shell y Esso. La mención de todos los diarios, obviamente no de «Página/12», que auspicia medidas de acción directa contra empresas, es lo que da razón a la SIP cuando habla de «acechanzas a la libertad de prensa en la Argentina». La mención de medios en boca de un D'Elía que encabeza fuerzas de choque pagas desde el gobierno hace suponer que no se tardará en atentar también contra las sedes de los medios de difusión. Todo muy penoso.

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