Pide campo suspender retenciones. Cristina escuchó, pero no contesta

Política

Felices los que creen sin haber visto y, además del versículo, se contentan con declaraciones del tipo: «volvió el diálogo», «instancias democráticas», « encuentro positivo». Frases de ocasión para la reunión entre Cristina de Kirchner y los 4 dirigentes rurales (Biolcati, Buzzi, Gioino y Llambías). Tensa, obvio, pero todos profesionales de la polémica -sabiendo que cada parte ha perdido durante los 100 días de conflicto- se redujeron a un pedido.

Llambías: Señora, ya que la instancia del litigio ha pasado al Congreso, ¿por qué no suspende la suba de retenciones por 60 días?

Cristina lo miró, luego trasladó el acero de sus ojos a los otros tres y nada dijo. Tampoco transpiró respuestas con un gesto.

Para un kirchnerista acérrimo, ella dijo «no» con el silencio.

Para un simpatizante del agro, ella por lo menos no dijo «no» como hubiera ocurrido hace una semana apenas. Cada cual interpreta con su librito.

También, claro, cada parte expuso lo suyo sobre carne, leche, cereales, exportaciones (dificultades) mientras ella, y su jefe de Gabinete, Fernández, expresaron lo mucho que, todavía, gana el campo a pesar de las retenciones. Y, por si se sospechaba de sus palabras, la Presidente hasta hizo gala del «power-point» con el cual el gobierno insiste hace tres semanas en hacer docencia, clases que por ejemplo repiten a dúo dos que no son dúo: Hugo Moyano y Luis D'Elía (tambien sus respectivas bandas de admiradores.

En suma, una aproximación y promesa de futuros encuentros. Eso sí: Cristina ya no participará, Fernandez será el único interlocutor. Promesa de no cortar más las rutas, dejar que se expida el Congreso y que todos piensen en lo feliz que será el pueblo argentino si todos se ponen de acuerdo por el Bicentenario, en un pacto conjunto.

La cita a puertas cerradas se pareció a un reto a los dirigentes, a quienes la Presidente acusó de enriquecerse mientras desbastecían al país. Cuando los cuatro llegaron al Congreso el clima era otro: una barra favorable que enfrentaba a los diputados del oficialismo, arrinconados porque Cristina de Kirchner no les ha dado ninguna señal para cambiar un proyecto para el cual no tienen los votos. Una clásica mortificación kirchnerista de un poder sobre el otro. Había mucha TV, que transmitió en directo el comienzo del debate en las comisiones que será muy largo. Bueno que se viera todo porque se evitan las versiones contrarias que aparecen sobre reuniones en el Ejecutivo. Permitió además que el público terminase el día con el clásico monólogo de Alfredo de Angeli, que tomó la palabra también en el Congreso.

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