Piden captura para el hombre de la pistola: ¿chofer de un Moyano?

Política

La de ayer fue la guerra de facciones sindicales que pelearon por la foto del palco en la quinta de San Vicente, donde fueron depositados los restos del General, estalló por una pelea por los espacios a ocupar en los actos.

Los enfrentamientos comenzaron cuando la peregrinación que acompañaba a Perón se encontraba a 10 kilómetros de la residencia 17 de Octubre. El choque entre militantes del camionero y titular de la CGT, Hugo Moyano, y del gremio de la construcción, Gerardo Martínez, dejó más de 60 heridos. La mayoría fue asistida en el hospital San Vicente, ubicado a dos cuadras de la residencia que décadas atrás ocuparon Perón y su esposa Eva Duarte.

  • Orden de Solá

    Anoche, el gobernador Felipe Solá ordenó la detención de Emilio Quiroz, alias «Madonna», el hombre que habría efectuado cuatro disparos con una pistola en la puerta principal de la finca. La televisión se cansó de repetir el rostro del agresor que, ataviado con una campera color beige y con una credencial colgada al cuello, sacó un arma y empezó a disparar a un grupo de militantes. Según fuentes policiales, formaba parte de la organización que debía dar seguridad a la caravana de manifestantes que acompañaba el féretro de Perón hasta el mausoleo. Inclusive se mencionó que sería chofer del hijo del dirigente de los camioneros, Pablo Moyano.

    Desde el Ministerio de Seguridad bonaerense se indicó que «no hubo heridos de bala» y que sólo un policía resultó con una profunda lesión en el cuello producida por el corte de un vidrio. Sin embargo, trascendió que cuatro personas baleadas, una de ellas grave, ingresaron al Hospital Ramón Carrillo de San Vicente. Se trata de dos hombres y dos mujeres, una de las cuales, de 27 años, recibió un balazo que la hirió de gravedad y fue llevada a terapia intensiva.

    Por los violentos episodios tomaron intervención los fiscales de La Plata, Cristina Larroca y Leila Aguilar. Tambiénactuó desde un comienzo el ayudante fiscal de San Vicente, Horacio Somariva. Aunque se especulaba con que la causa sería canalizada por la Justicia Federal esa posibilidad perdió fuerza con el transcurrir de las horas y todo hacía prever que la Justicia bonaerense se quedaría con la investigación que recaería en el juez platense César Melazo.

    Ayer resultaba inexplicable cómo la seguridad de un acto popular peronista -siempre difícil de controlar- había sido delegado a los gremios y la Policía había quedado como una observadora pasiva. En el gobierno bonaerense se admitió que los efectivos no tomaron desde un inicio el control de la seguridad del predio porque la CGT había insistido en que esa tarea iba a estar a cargo de sus manifestantes.

    Obviamente fueron desbordados en todo sentido. Una mujer que quedó de rehén en la refriega de los grupos antagónicos conmocionada relató cómo media docena de violentos rompió la caballeriza y sacó un auto de Perón para hacerse de palos y piedras y enfrentó con esas improvisadas armas a sus contrincantes.

  • Imputaciones

    A la salida de una de las carpas que se montó en un patio del hospital local, un exacerbado militante de los camioneros culpaba a los «piqueteros kirchneristas» y a «la izquierda» de la feroz paliza que había recibido instantes antes.

    La pesadilla de disparos y pedradas en el parque memorial no cesó ni cuando se cantó el Himno Nacional ni (varias veces) la Marcha Peronista, opacadas por los gritos de «traidores».

    La escaramuza incluso llegó hasta la nave del mausoleo donde Gerónimo Venegas, Hugo Moyano, Andrés Rodríguez (UPCN) y Julio Piumato (judiciales) forcejearon por asir por última vez el ataúd del fundador del justicialismo.

    Treinta y dos años después de su muerte, los restos disecados de quien fue líder carismático populista amado con frenesí por medio país y odiado hasta el fanatismo por la otra mitad, encontró su morada, pero su llegada no fue en paz.
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