Cabalga sobre la hipótesis de una elección nacional que lo entrone, por abrumadora mayoría, como jefe de un nuevo peronismo. Pero Néstor Kirchner no acierta con las respuestas para el menú de interrogantes que se abren ante su plan de normalizar el PJ.
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En rigor, operadores de trato diario con el ex presidente -y su esposa- confiesan que la pretensión del patagónico de convocar a una interna abierta nacional no está, ni mucho menos, firme. Sobrevuela, siempre, el atajo de un Congreso normalizador.
Kirchner manda a sus soldados -Juan Carlos Mazzón, José Pampuro, José María Díaz Bancalari, entre otros- a trabajar sobre el supuesto de una primaria cerrada, sólo para afiliados, para mediados de año. Sin embargo, ese proceso enfrenta varias sombras.
Es una agenda incierta donde conviven varios elementos. Desde los padrones hasta cómo será el reparto de los casilleros entre los sectores que se codean dentro del «movimiento nacional justicialista». A saber:
Un asunto ultrasensible son, como siempre, los padrones. La fábula popular sostiene que el PJ tiene, a nivel nacional, 3,4 millones de afiliados, cifra que debería causar envidia a agrupaciones de todo el mundo, salvo que se la compare con el PC chino que tiene, como primera avanzada, a 70 millones de punteros. Nadie acierta qué cantidad de esos 3,4 millones son afiliados activos que, llegado el caso, podrían concurrir a votar en una interna cerrada. Un cálculo ambicioso arriesga una cifra de 1,5 millón. Estimaciones más dramáticas, aunque tan gaseosas como la optimista, reducen la cifra a 500 mil. Un observador, conocedor de los recovecos partidarios, arriesga que podrían concurrir a votar 1 millón de afiliados.
Claro que, antes de eso, debe resolverse qué padrón se tiene en cuenta. Hace tiempo, la oposición partidaria, reclama la depuración de esos listados que caudillos provinciales y del conurbano indómito han dibujado a su antojo. Al principio, Kirchner habló de depurar y reafiliar: ahora, atento a otras opiniones, comenzó a revisar aquella intención. Hacerlo implicaría abrir la puerta a una lluvia de quejas e impugnaciones de final impredecible; no hacerlo significaría validar los actuales padrones que, más de una vez, él mismo cuestionó.
Una de las tareas que Ramón Ruiz llevó adelante como interventor consistió, justamente, en relevar -o tratar de hacerlo- los padrones. Chocó con el celo de los jefes provinciales que a duras penas les mandaron información. Hay matices: en algunas provincias, como Santa Fe o Tucumán, hubo internas recientes y bien o mal los padrones fueron actualizados. En otros casos, un rastrillaje medianamente minucioso encontraría defectos propios de la década del 30.
¿Pero si se limpian y, además, no hay motivación para votar, cuántos afiliados elegirían a Kirchner como todopoderoso del nuevo peronismo? Si no es una cifra contundente, más que un triunfo podría ser un papelón.
Allí asoma otro de los factores delicados: el reparto equilibrado y compensatorio de lugares a los jefes provinciales para motivarlos a que, el día de la elección, «muevan» para arrastrarle votos a Kirchner. En octubre, Cristina de Kirchner, sintió la merma de votos en distritos donde el peronismo, estructural y ordenado, jugó a media máquina. ¿Y si le ocurre a Kirchner?
Por esa razón, Kirchner se preocupa por «encorsetar» la formación de un eventual polo opositor y al mismo tiempo envía señales de que la antigua decisión de no poner gobernadores en la cúpula del PJ comenzó a ser revisada y ahora el patagónico contempla un esquema de varias vicepresidencias repartidas entre mandatarios provinciales. Alguna vez -no demasiado tiempo atrás- pensó en «designar» a otro dirigente como jefe partidario y luego decidió ser él, en persona, el que se ponga al frente del partido. Fue la admisión, no declarada, de que un artificio podría facilitar, e incluso incentivar, la creación de un bloque opositor a los que les costaría mucho menos enfrentar a un candidato X que al propio ex presidente.
La semana próxima, con el grueso de los dirigentes y funcionarios abocados al oficio de «repensar» el PJ ya regresado de sus vacaciones, Kirchner empezará a despejar esas dudas.
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