Con un matrimonio entre gente pudiente, con lo heredado de su padre (que lo cobró como indemnización justa de Raúl Alfonsín por la expropiación militar de «La Opinión»), Héctor Timerman pintaba como un periodista interesante aunque lejos de la habilidad y domino de la profesión de su padre, el legendario Jacobo. Era, además, el último de los tres Timerman subsistentes en el país ya que otro hermano está en Estados Unidos y el tercero, en Israel.
Le hizo Héctor un reportaje a Néstor Kirchner para su revista «Debate» que tenía partes insólitas. Kirchner se despachó con el rencor al periodismo actual, del cual desconfía permanentemente, y dijo, por ejemplo, «me gustaban aquellos editoriales de 'La Opinión'». Pero resulta que «La Opinión» no tenía editoriales. Se obligaba a los periodistas a opinar en cada nota, forma mucho más moderna.
Luego de ese reportaje Héctor Timerman tiró la chancleta y se sumó al periodismo kirchnerista. En una encuesta que realizó «Noticias» inauguró su kirchnerismo. Sobre la pregunta «¿Quién es el mejor funcionario?» respondió: «Néstor Kirchner». Dice que el hoy primer mandatario «no puede compararse ni con De la Rúa, ni con Carlos Menem, ni con Eduardo Duhalde».
¿Todo el vuelco a la profesión de su padre famoso habrá sido para conseguir un cargo oficial? ¿Será otra jugada de Kirchner y sus colaboradores para herir a Elisa Carrió tentándolo con un consulado? Porque Héctor Timerman militó en el ARI, le cebaba mate a Lilita y fue candidato a diputado, pero no le alcanzaron los votos y se alejó de ese palenque.
Como sea, y aunque nunca haya sido propiamente un periodista de raza, el cargo oficial de este hombre que se hizo conocer por la prensa lastima al periodismo argentino.
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