6 de junio 2005 - 00:00

Presión máxima desde la Casa de Gobierno

Las escenas más crudas que ponen en evidencia la soledad que padece hoy Aníbal Ibarra, las pintan frecuentadores de la Casa de Gobierno, quienes aseguran tener certeza sobre el último diálogo entre el jefe porteño y su principal sostén político dentro del kirchnerismo, Alberto Fernández. Esa conversación -antes de que el mandatario de la Capital Federal tomara el vuelo que lo llevó de gira por Madrid y París- según dan cuenta los indiscretos voceros, dejó a Ibarra mascullando hiel. «La mitad de mi gabinete», habría ofertado el jefe de Gobierno a su aliado. «Esa propuesta es contradictoria a lo que te acabo de explicar», respondió Fernández, dando a entender que en estas instancias, con el caso Cromañón en el tapete, el gobierno no quiere compromisos que puedan hacer temblequear el plebiscito que se propone llevar al cuarto oscuro de octubre. En otras palabras, Fernández le había confiado a Ibarra que no habría alianza electoral con el gobierno para las boletas venideras, que ni dos lugares en las listas de candidatos a legisladores porteños, ni uno. «No», fue crudo el jefe de Gabinete. Aun así Ibarra habría insistido en conformar esa alianza, ya no electoral, sino de cogobierno, previa al cuarto oscuro. La negativa habría dejado al jefe de Gobierno con la sensación de que se estaría gestando una suelta definitiva de manos, a pesar de la seguridad que le diera el jefe de Gabinete nacional de seguir apoyándolo como hasta ahora.

•Oxígeno

El aire madrileño le dio oxígeno -o le quitó-, creen en Casa de Gobierno, para reclamar desde allí, lo que terminó irritando, más que a Fernández a sus críticos del gabinete. Esos funcionarios le reprochan al jefe de ministros el acercamiento con «los Ibarra» (Aníbal y la senadora Vilma, hoy armadora del Partido para la Victoria que integra el kirchnerismo transversal). Tras el viaje, el ibarrismo comenzó a tocar timbres de aliados diversos, pero hasta ahora los hacen sentir como portadores de alguna purulenta enfermedad a los que nadie quiere acercarse.

El socialismo, como mucho, piensa en la posibilidad de ceder algún renglón en las listas de candidatos a legisladores porteños, pero que casi no se note. Lo mismo terminaría aceptando el Partido de la Ciudad, del legislador Jorge Giorno, y quién sabe si el ex funcionario porteño Abel Fatala podría brindar similar favor, bajo el sello Red por Buenos Aires.

Así se le cierran las puertas al jefe porteño, mientras crecen las especulaciones con respecto a su destino.


Esas predicciones que circulan en Casa de Gobierno se editan en variadas versiones de acuerdo con los ánimos e intereses de los analistas:

• Si lo llaman a indagatoria, Ibarra renuncia. Luego renuncia su vicejefe, Jorge Telerman.

• Si
Ibarra renuncia, por la ley de acefalía, asume el vicepresidente de la Legislatura, el macrista Santiago de Estrada, quien debe llamar a elecciones en el cuarto oscuro más cercano, es decir en octubre.

• Se reflota así la eventual postulación de Daniel Scioli, para el cargo.

• Ibarra puede presentarse solo a la elección, pero estaría haciendo del cuarto oscuro el referendo que no quiso hacer.

• Si se presenta solo, pierde y debe renunciar el 24 de octubre.

• Si renuncia después de las elecciones, los legisladores -dentro de los 120 días posteriores deben elegir entre sus miembros un interino que convocará a elecciones recién en 2007.

Esas posibilidades son motivo hoy de debate en las mesas de aliados y rivales del jefe porteño, incluyendo dentro del segundo grupo a peronistas de la Capital Federal, que por ahora concilian con darle
«apoyo institucional» a Ibarra, pero aprueban no confluir en las listas electorales. De ese modo, si Ibarra no lograr tener representación propia en el cuarto oscuro, para muchos de esos observadores es lo mismo que dar por perdida la elección. El atajo, para la continuidad del gobierno -si pasa octubre con o sin presencia-es la propia propuesta de Ibarra: «la mitad del gabinete» para Fernández y sus seguidores kirchneristas. El resto de las especulaciones son las que rondan la causa judicial por el caso Cromañón, a la que están atentos tanto Ibarra como el gobierno, que creen que el juez Julio Lucini, no ha terminado con la pista municipal. Otra semana difícil será para Ibarra a partir de mañana, cuando comience a declarar Omar Chabán, tal como está previsto. Curiosamente las derivaciones de ese testimonio podrían hacer virar el destino político del jefe de Gobierno.

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