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7 de febrero 2008 - 00:00

Primera baja

Renunció el primer funcionario de Daniel Scioli, el viceministro de Seguridad Martín López Perrando. Demasiado vértigo en una de las áreas más delicadas del gobierno. Obvio: se enfrentó con su jefe, Carlos Stornelli, ambos ex fiscales, y no por razones personales. Lamentable el caso, la sordidez habitual entre Policía y política bonaerenses.

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Carlos Stornelli
A 50 días del inicio de su gobierno, Daniel Scioli sufrió ayer la primera baja en su staff. No una cualquiera: Martín López Perrando era viceministro de Seguridad, un área hipersensible. Tampoco fue habitual el modo: chocó, por algo más que metodologías, con su jefe, Carlos Stornelli.

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Una pueblada en Junín, con vecinos furiosos por un estallido delictivo, detonó la salida de López Perrando. Pero no fueron esos sacudones los motivos precisos: los reales fueron los conflictos entre el uno y el dos de la cartera de Seguridad provincial.

Con esa salida se desintegra la alianza operativa y política que Stornelli y Perrando sellaron para ponerse al frente del ministerio que dejó León Arslanian. Se quiebra, en paralelo, otro acuerdo que excede los paredones de la jefatura policial de La Plata.

Hay, además, aspectos periféricos que hacen al desenlace. El último tiempo, Stornelli centralizó su nexo con la cúpula policial. López Perrando y Paul Starc, el otro ladero del ministro, se quejaron de ese procedimiento que los desautorizaba.

Sobrevuela otro nombre: Roberto Giacomino, ex jefe de la Policía Federal, expulsado de esa butaca por orden de Néstor Kirchner. Cerca de López Perrando dicen que Stornelli delegó en ese «pata negra» -como les dicen a los federales-la relación con los jefes de la Bonaerense.

Giacomino opera, afirman en La Plata, como un «jefe policial» en las sombras y hasta al lado de Scioli niegan que el Federal tenga vínculo con Stornelli.

El ministro, a su vez, le imputa a su ex segundo que descuidó aspectos clave de la gestión y que por eso estallaron los episodios de Tres Arroyos y de Junín. Brutal, Stornelli deslizó ante los suyos un argumento carnal: habló de una «traición personal».

¿Se postuló López Perrando para suceder, anticipadamente, a Stornelli? Versiones que circulan y que, en las cercanías del ministro, no se encargaban de negar con suficiente énfasis.

Mal momento para el fuego cruzado por sobre la cabeza del gobernador bonaerense. Y no hay, por ahora, posible tregua a la vista. Ayer, el jefe de Gabinete de Scioli, Alberto Pérez, ensayó una conciliaciónentre los dos funcionarios:no lo consiguió. Respuesta de rigor: «Scioliexplicaban ayer en gobernaciónno armó los equipos de los ministros. Tampoco va a cuestionar si luego quieren cambiarlos. Pide y reclama resultados».

  • Promotor

    Al remontar algunos meses se detecta un dato: López Perrando fue unos de los promotores del desembarco de Stornelli en el equipo de Scioli. Funcionó como enlace, con un escudero menos público, para que el fiscal se aproxime y se entienda con el gobernador.

    Por eso su renuncia supone la fractura de una sociedad que golpea a Scioli en el centro de su gestión. Puede, incluso, que el propio gobernador no haya participado en el episodio. Ayer, por lo pronto, pasó fugazmente por la Casa Rosada para hablarlo con Alberto Fernández.

    Como cada suceso que estalla en la provincia, Balcarce 50 se pone en alerta. El jefe de Gabinete siguió los pormenores del caso López Perrando, que en la Casa Rosada se conoció el martes. Con Cristina de Kirchner presidente desde Olivos, el caso lo trató Fernández. Ayer hubo consultas cruzadas y furia manifiesta por parte del gobierno. En rigor, Stornelli venía sospechado por los Kirchner. Su reacción -la pelea y la posterior renuncia- generó todo tipo de reproches por parte del gobierno nacional a la conducta del ministro.

    Scioli, sin más recursos, tuvo que sumarse a la mansalva. El costo de la disputa entre Stornelli y López Perrando deteriora al ministro, pero, para el gran público, golpea al gobernador.

    Cualquier sacudón en el tema seguridad, es sabido, resulta costoso.
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