Proxenetismo político: Borocotó se volvió "K"
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El pase del año. Kirchner y Alberto Fernández recibieron al diputado nacional electo por
el macrismo, Eduardo Lorenzo Borocotó, quien ahora militará en el oficialismo. Lo acompañó
su hijo.
La ubicuidad de Borocotó es de protocolo (para no alejarse del léxico medicinal): se subió a la política con Cavallo en la elección de 2000, cuando ganó su primera banca como legislador porteño en la lista que encabezó el actual jefe de Gabinete y que integraron, entre otros, la actriz Elena Cruz. Venía entonces de una breve aparición como precandidato a vicegobernador de Luis Patti en la provincia de Buenos Aires, al que abandonó por orden -y otras seducciones- de Eduardo Duhalde, quien le incluyó luego en el proyecto Cavallo-Béliz-Fernández.
Fue quinto legislador de esa lista, perdidosa contra la lista aliancista que encabezó Enrique Olivera hace 5 años, para renovar en 2003 colgado de Santiago de Estrada en la formación de Macri, vencedor de las legislativas de ese año y de la primera vuelta para jefe de gobierno. En esa ocasión, también aceptó los consejos de Duhalde -quien le había recomendado lo mismo al luego migrante trasvasado de Argüello-, a quien se supone ahora no consultó. Sí habló, claro, con Alberto Fernández, presunto aspirador de Borocotó para impedir mañana que lo destruyan en la Legislatura a Ibarra, un protegido del jefe de Gabinete. En verdad, ese diálogo había empezado antes, cuando Borocotó casi se anota en el kirchnerismo por su buena performance en las encuestas, proyecto que se frustró cuando descubrieron una columna que el legislador comprado, vendido o trasladado voluntariamente había escrito en este diario en 1998: en esa nota, Borocotó reflotaba teorías lombrosianas sobre los delincuentes y, por supuesto, esa reflexión no encajaba con el garantismo que exhibían los kirchneristas.
Los que quieren a Borocotó aseguran que el médico ya masticaba esta decisión desde antes de las elecciones, sobre todo porque el entorno de Macri lo desairaba en los actos y le negaba protagonismo.
Hasta por razones de edad justifican su salto basado en cierto resentimiento (de esas desventuras bien podría dar datos el sindicalista diputado de Macri, Daniel Amoroso, uno de sus confidentes). Quienes rodean al jefe de PRO, en cambio, se quejaban de que Borocotó poco aportaba, salvo la vocación mediática de salir en todas las fotografías. Tensa relación entonces, aunque ambos estuvieron en la campaña, hicieron promesas y propuestas a la gente. Una defraudación más, al menos para quienes lo votaron, a pesar de que él -como dijo en el último programa de Mariano Grondona- sostuvo que Macri lo había convocado a su lista sin preguntarle el pensamiento. En rigor, lo que hoy cree el desairado Macri es que debía haberle preguntado por su conducta. Tarde, como con Argüello, como con Schiavi.




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