Puerta se enteró antes que todos
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• Anoche, mientras escuchaba los discursos de sus colegas gobernadores en Merlo, San Luis, asumía ya tareas de gobernante. Se comunicó con Ramón Mestre, a quien reclamó, en su rol de ministro del Interior en ejercicio, por los saqueos que seguían hasta esta madrugada en algunos barrios porteños. «La jueza Servini nos paró la represión», se quejó el ministro, aludiendo a la presencia de María Servini de Cubría intentando corregir lo que consideraba excesos de la Policía en la prevención de la violencia en Plaza de Mayo.
• Apenas bajó del avión que lo trasladó a San Luis, Puerta tomó conocimiento de la renuncia de De la Rúa, que había ocurrido mientras volaba. Tomó de nuevo el teléfono y le pidió a Chrystian Colombo -un viejo amigo- que siga acompañándolo como jefe de Gabinete en estas horas de la transición. Lo rodeaba una multitud de viejos y nuevos amigos que se sumaron a la cumbre de gobernadores, a la que no le hicieron asco hombres del periodismo y el espectáculo como Antonio Carrizo y Moisés Ikonicoff.
Eso no lo conoció pronto De la Rúa pero igual sometió al grupo de sus íntimos a una larga amansadora en su despacho. Nicolás Gallo, Ricardo Ostuni, Héctor Rodríguez, Adalberto Rodríguez Giavarini, Colombo y Leonardo Aiello, entre otros, padecieron el monólogo deprimido del Presidente pidiendo que le permitiesen hablar al país para pedir en público lo que ya le habían negado en privado los peronistas. «Si me voy, que sea culpa de ellos», dijo solitario el Presidente en tono que preocupó a varios de los presentes por su integridad física.




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