Con su estilo estridente sembró una ristra de enemigos, aunque perdura en el escalón más alto de las valoraciones de Felipe Solá.
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Al tal punto que el gobernador le reclama a su gabinete que emule a Santiago Montoya, el polémico subsecretario de Ingresos Públicos bonaerense, acostumbrado a aplicar políticas de alto impacto con un perfil marketinero y, por ahora, un nada despreciable éxito fiscal.
Tanta fascinación tiene Solá con su recaudador que para reprender a sus ministros (que son doce), a quienes acusa de no estar lo suficiente «en la calle», los intimó. «Quiero doce Montoyas», dijo para marcar la impronta que reclama.
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