28 de marzo 2001 - 00:00

Radicales porteños quieren más cargos

Los radicales de la Capital tuvieron, el lunes a la noche en un plenario partidario, su hora de desahogo por el trance nacional, que en la Capital despierta más exaltación, al parecer, que en otros distritos. Será porque a Domingo Cavallo, una gruesa porción de radicales ibarristas, lo siente como el peor enemigo porteño, o tal vez porque meses atrás se manifestaron explícitamente en contra del arribo del ministro y se sienten despechados ante el desembarco consumado.

Muy concurrido, el plenario se desarrolló en la sede capitalina de la UCR con el tema central «La situación nacional». Como fondo, la premisa del delarruismo, que es mayoría en esa mesa, fue desalentar cualquier documento irritativo para el Presidente, en contra del resto de la UCR -Cambio Radical (nosiglismo), Futuro (Rodolfo Terragno), Centenario ( Jesús Rodríguez), el alfonsinismo ortodoxo y otras corrientes menores como el storanismo porteño-que pretendía un documento crítico a la política de Fernando de la Rúa. Para eso, el ala Participación, que hegemoniza el Presidente, contó con el aporte de Cecilia Felgueras, quien no se hizo ver en el Plenario, pero permaneció en el despacho del titular de la UCR, pisos más arriba, para asegurarse que ningún delegado de la línea se levantara de la silla antes de la votación, que se impuso por apenas 5 votos de diferencia para sellar una declaración.

Exaltados los radicales, de todos modos terminaron firmando un documento de apoyo al gobierno nacional, al unísono con el Comité Nacional que piloteado por Raúl Alfonsín se expresó con reparos en su correspondiente debate partidario.

«Nos bancamos la obediencia debida, la hiperinflación y nos miramos de reojo con el Pacto de Olivos, pero éste es un partido centenario y seguirá sobreviviendo»
, se exaltó un dirigente a la salida del plenario para graficar que en esas sesiones se suele, como ocurrió, dramatizar las dolencias, sólo puertas adentro.

Defensa

Para conciliar posturas, entrada ya la madrugada, pidió la palabra Facundo Suárez Lastra, actualmente secretario de Seguridad y Justicia del gobierno de Aníbal Ibarra. «Es necesario que defendamos la Carta de los Argentinos y que exhortemos al gobierno nacional a integrar el gobierno con amplios sectores del radicalismo y del Frepaso y como ejemplo quiero reivindicar, por ser un modelo exitoso de gestión de la Alianza, el Gobierno de la Capital», dijo «Facundito», quien antes de comenzar la reunión había participado de los avances del borrador del documento que se terminó aprobando.

«Atento a la gravedad del momento y a la situación crítica del radicalismo tenemos que pasar a ser de un colaborador incondicional del gobierno a un sostenedor, que es tener sentido crítico, acompañar y expresar diferencias para corregir el rumbo»,
terminó el funcionario, aplacando la euforia que habían despertado discursos anteriores, como el del nosiglista Daniel Bravo y el del terragnista Cristian Caram, los más aplaudidos de la velada.

Perdón

Caram, se había despachado días antes de la reunión con un pedido de perdón «a los que votaron a De la Rúa», que concilió olvidar para esa noche. El titular de la bancada radical en la Legislatura porteña dijo en el plenario que «no hay ningún antecedente en la historia de nuestro partido de una contradicción tan fuerte entre el discurso de campaña y la acción de gobierno, es una defraudación al discurso de campaña lo que está sucediendo», opinó el diputado de la Ciudad.

Su par Bravo esbozó un paralelismo con la gestión de Raúl Alfonsín, destacando que en aquellos tiempos, a su juicio, «en el partido había debate, y ahora el radicalismo mira la crisis por TV, por eso digo que esto es el principio del fin de la hegemonía del delarruismo en la Ciudad, porque para nosotros la incorporación de Cavallo es lo mismo que si Alfonsín hubiera puesto a Onganía de ministro del Interior».

La lúgubre sala donde se reúnen los delegados porteños de la UCR -adornada en todas sus paredes con desgajados cortinados negros-quedó colmada en butacas y pasillos, con barras del ala juvenil que casi provocan la suspensión del encuentro por sus barulleras interrupciones. Pero las autoridades del Comité, que preside
Silverio Fernández Gaído, optaron por permitir el desahogo adolescente antes de comenzar el debate sobre «la situación nacional». «¡Comité Capital por el índice Merval! Se siente, se siente, Cavallo presidente!», fueron algunas de las ironías de los menores, hoy fervorosos militantes del anticavallismo, que dispararon contra Gaído su enojo por los cambios en el gabinete. Con ese clima, en que estuvo presente incluso una troupe de fanáticos de Elisa Carrió y otra del legislador Caram que llevó la bandera roja y blanca más grande con su nombre en la sala, en la noche, sesionó el plenario.

Misión

Para los mayores no era un juego infantil. Por eso una hora antes de empezar la sesión se apostaron en distintos pisos de Tucumán 1660, Cecilia Felgueras y Enrique Nosiglia. La vicejefa llevó como misión atemperar cualquier crítica excedida contra el Presidente y, si podía, forzar declaraciones de admiración para con De la Rúa. Estuvo hasta la 2 y media de la madrugada monitoreando discursos y vetos. Nosiglia trataba de aquietar a su porción de delegados, entre ellos Bravo, quien emitió un duro juicio al hacer causa común con Caram, orientando la redacción de un documento que finalmente perdió en la votación.

Lo que quedó fue que la UCR Capital
«seguirá acompañando al Presidente» y las decisiones que tiendan a «cumplir con los objetivos de la Carta de los Argentinos». Se declararon aliancistas y manifestaron «la necesidad de la integración más amplia del radicalismo y el Frepaso para fortalecer» la coalición. El último párrafo estuvo dedicado a Ibarra: «destacar el modelo de gestión de la Alianza en la Ciudad de Buenos Aires».

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