"Radio UBA": historia de un absurdo argentino

Política

Si existe una empresa aérea (LAFSA) sin aviones ni pasajeros y una empresa de energía (ENARSA) que no extrae petróleo, ¿por qué no una radio sin oyentes? Es el caso de la 90.5, frecuencia modulada atribuida a la Universidad de Buenos Aires, radio que emite las 24 horas, todos los días de la semana, pero que es un calvario sintonizar. O bien la «lluvia» de fondo es continua o bien la tapan otras radios, incluso otras radios universitarias del Gran Buenos Aires que usan la misma frecuencia, dado que nadie vela por el cumplimiento de los límites de potencia establecidos. Cuando se la sintoniza, se oyen voces en la lejanía, con la calidad de una emisora casera. El detalle es que no lo es, o no debiera serlo, no sólo por pertenecer a una institución de prestigio, sino por la infraestructura que la sustenta.

La historia de «Radio UBA» es la de un absurdo argentino más. La frecuencia le fue atribuida a la universidad por decreto 1054 del 6 de julio de 1989, es decir, en tiempos en que la institución era dirigida por Oscar Schuberoff, pero recién estuvo en el aire en 2005, «apenas» dieciséis años después, durante la gestión de Guillermo Jaim Etcheverry. Esto no le impidió al anterior rector invertir, desde 1994, uno dos millones de dólares -en equipos cuya calidad deja bastante que desear- y hasta en el sueldo del director de una radio que no salía al aire. Ahora lo hace, pero el impacto es mínimo, por las razones explicadas más arriba.

  • Empleados

    Pese a ello, la radio funciona como si nada. Alojada en un coqueto petit hotel de Arenales al 1300, propiedad de la UBA, emite varios ciclos en vivo y otros grabados, que implican un trabajo de producción importante. Entre directivos y empleados, unas 25 personas rentadas trabajan allí. La voz institucional de la radio es la de Eduardo Aliverti y entre quienes se sientan al micrófonoestá Oscar Martínez Zemborain.

    Para más datos, la UBA tiene una Subsecretaría de Medios, ámbito institucional cuya única función es ocuparse de la radio, puesto que los demás instrumentos de comunicación de que dispone la universidad -una revista bimestral, un suplemento semanal y la página Web-están en manos de otra subsecretaría, la de Relaciones Institucionales y Comunicación, creada por el nuevo rector, Rubén Hallú, y mantenida bajo su órbita.

    Esta inflación burocrática se explica por las internas que suelen anidar en las instituciones. La Secretaría de Medios está en manos de la Facultad de Ciencias Sociales cuyo decano, Federico Schuster, no mantiene las mejores relaciones con el rector, a quien incluso aspira secretamente -o no tanto- a reemplazar. No fue ajeno a estas ambiciones el reciente protagonismo mediático de Schuster en torno al relanzamiento del Observatorio de la Discriminación en los Medios, en el momento más álgido del conflicto agropecuario, que le valió una foto con la presidente Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada.

    En julio de 2005, el todavía rector Etcheverry le solicitó por nota al COMFER que pusiera un remedio a las dificultades de «Radio UBA» a fin de que ésta pudiese «cubrir un área de servicio proporcional -al menos- a la distribución de su matrícula estudiantil, de sus facultades y edificios». Parece que era mucho pedir, porque nada se hizo.

    La Universidad de Buenos Aires es una institución con historia, prestigio e influencia en la vida pública suficientes como para justificar la posesión de un medio de comunicación. Pero en serio.

    Ahora que el COMFER se encuentra en manos de gente vinculada al mundo universitario -su interventor, Gustavo Mariotto, es el decano de Ciencias Sociales en Lomas de Zamora-, cabe esperar que, en vez de tentarse con la vigilancia ideológica de los medios, pongan orden en el caos radiofónico. Quizás entonces la emisora de la UBA deje de ser un fantasma en el dial.
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