Razonó Cristina y traslada al Congreso "retenciones móviles" aunque se sospecha de un truco

Política

Sólo 15 líneas les dedicó al campo y a las "retenciones móviles" la Presidente, ayer, cuando habló a razón de seis carillas de 50 líneas. Suficientes, sin embargo, para arrancar aplausos de su claque oficial, convencida quizá de que el anuncio -"le pasaremos el tema al Congreso de la Nación, quiero darle más institucionalidad a mi decisión"- significaba un reconocimiento a las múltiples protestas del último fin de semana, las 48 horas más duras que atravesó Cristina de Kirchner como mandataria. Además, como dijo "para ganar, hay que saber perder", los asistentes se gratificaron: hace tiempo que gobernadores, intendentes, punteros y legisladores sueñan con un retroceso de la beligerante actitud oficial, confiando que un desvío del piñón fijo superaría la falta de diálogo con el campo. Tras las palabras -algunas copiadas de las que había pronunciado su marido un rato antes-, se imaginó que el tema del agro en conflicto aterrizaría en el Congreso para ser discutido, quizás corregido, sea por los intereses del agro o los de las provincias (finalmente, ponen la cara y los legisladores, pero no cobran). Ella, como su marido antes, se mostraron además razonables, más conciliadores que nunca, queribles inclusive. Esa impresión, al parecer, también se extendió a quienes escuchaban desde el sector rural. Sin embargo, esos desconfiados de siempre sospechan que la iniciativa -entró anoche a Diputados-no habilita a ningún debate ni intervención; sólo persigue que las mayorías de las Cámaras simplemente reafirmen lo que ya determinó el Ejecutivo. Un truco vestido de institucionalidad. O sea, algo así como enviarlo para que lo apruebe el Partido Justicialista. ¿Se invita así, otra vez, al tumulto?

Cristina de Kirchner anunció ayer que enviará un proyecto al Congreso para que el Poder Legislativo ratifique o rectifique la resolución sobre las retenciones móviles. Fue por la cadena nacional y durante un acto convocado para homenajear a las víctimas del bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Se eligió esta ocasión para vincular las acciones golpistas de esa jornada con las que en teoría estaría sufriendo el gobierno nacional desde hace 98 días por la protesta del campo. Para la Presidente, ambas situaciones tendrían una misma raíz desestabilizadora.

Para fortalecer su teoría, utilizó una vieja y muy usada frase de Karl Marx de la introducción del 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde el filósofo alemán decía que la historia se repite primero como drama y luego como farsa. En teoría, el drama fue el golpe del 55 y el bombardeo previo en la Plaza de Mayo, y la farsa, la protesta del campo. Cristina de Kirchner no nombró a Marx, sino que se refirió al autor del Manifiesto Comunista como «un señor que dijo una vez».

De todas maneras, Cristina de Kirchner afirmó que enviaba al Congreso la resolución del Ministerio de Economía que había sido impulsada por el ex titular del Palacio de Hacienda Martín Lousteau, porque «la democracia se defiende con más democracia».

«Quiero anunciarles que voy a enviar al Parlamento un proyecto de ley de esta medida de retenciones móviles que tanto revuelo causó a un sector que hace 90 días corta rutas e impide el tránsito libre», dijo en su momento la Presidente al promediar su discurso de ayer en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno. Su justificación, luego de la parábola sobre el golpismo de la protesta agropecuaria, apuntó a señalar que «porque si no les basta con esta Presidenta que tuvo el 46 por ciento de los votos y el uso de sus facultades para redistribución del ingreso y para que los alimentos argentinos tengan precio accesible, voy a enviar el proyecto al Parlamento para que también sea tratada la medida».

Ahora, el Congreso debe abrir un debate sobre la base del proyecto que enviará al gobierno y cuya extensión dependerá exclusivamente de los acuerdos y consensos que se logren entre los bloques parlamentarios.

Cristina señaló que «siempre estuvimos dispuestos al diálogo, pero el diálogo debe ser a partir de que no se corten rutas».

Y remarcó: «No quiero un país, una democracia corporativa, donde se maneje desde la Sociedad Rural con cacerolas y cortes de ruta».

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    «Quiero llamar a todos los argentinos, a muchos que he leído están preocupados por la imagen internacional que brindan los piquetes sociales. ¿Cuál es la imagen internacional cuando las resoluciones se pretenden derogar desde la Sociedad Rural con cortes de ruta?», añadió.

    La Presidente exhortó al «respeto por la democracia, por los poderes legalmente constituidos. Democracia del pueblo y no de las corporaciones».


    Además se refirió a la Justicia y resaltó que el ex presidente Néstor Kirchner cambió una Corte Suprema que «era una vergüenza».

    Recordó que militantes sociales sufrieron cárcel por reclamar comida y señaló que «me gustaría también que cuando un estanciero corte la ruta y desabastezca» fuera tratado con la misma medida. También subrayó que quienes no están de acuerdo con este modelo «se organicen en un partido, se presenten a elecciones y traten de ganarlas».

    La Presidente entró a las 17.26 al Salón Blanco. Minutos antes la escena había sido dominada por Kirchner, que ingresó al recinto supuestamente por sorpresa y acompañado por el ministro de Justicia, Aníbal Fernández. Decidió ubicarse a la izquierda del escritorio central donde se ubicaría Cristina de Kirchner, lo que generó un verdadero desbande entre los integrantes del gabinete y los gobernadores que esperaban la llegada de la Presidente. Finalmente, un valet oficial colocó una silla detrás del gobernador de Buenos Aires, Daniel Sioli, delante del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y al lado del canciller Jorge Taiana, desde donde Kirchner siguió el acto.

    Ingresó luego la Presidente, rodeada del vicepresidente, Julio Cobos (que logró un aplauso cuando el locutor oficial lo nombró); el titular del Senado, José Pampuro; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner.

    A su izquierda, en primera fila, se ubicaron Scioli; los gobernadores de Mendoza, Celso Jaque; de Formosa, Gildo Insfrán; de La Rioja, Luis Beder Herrera; de San Juan, José Luis Gioja; y de Tucumán, José Alperovich. Detrás de ellos se situaron el ministro del Interior, Florencio Randazzo; Jorge Taiana; los titulares de Salud, Graciela Ocaña; de Economía, Carlos Fernández; el ministro de Planificación, Julio De Vido, y Aníbal Fernández.

    En tercera fila se ubicaron el ministro de Trabajo, Carlos Tomada; la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner; el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco; el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; y el secretario legal y técnico, Carlos Zannini. Entre el público se mezcló el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

    Además, estuvieron presentes los diputados José María Díaz Bancalari, Carlos Kunkel, Edgardo Depetri, Victoria Donda y Adela Segarra; el ex senador Antonio Cafiero, el vicegobernador bonaerense, Alberto Balestrini, y Hebe de Bonafini, exhibiendo un cartel rojo con la leyenda «Ni un paso atrás».

    También estuvo, casi de incógnito y cerca de un parlante, siguiendo atentamente el discurso presidencial, una de las nuevas figuras mediáticas del oficialismo: el custodio de Guillermo Moreno y campeón mundial de kickboxing «Acero» Cali, algo más lejos que su protegido.
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