Es conmovedor el empeño de los radicales por encubrir el efecto devastador de la derrota del Presidente en las internas de la UCR el domingo. Desde esa noche los funcionarios del gobierno no hablan de otra cosa, aplicando esfuerzos descomunales para que no se conozcan datos como estos:
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1) Rafael Pascual, derrotado por el delegado de Raúl Alfonsín en las listas de Rodolfo Terragno, rechazó hasta ahora la oferta de los ganadores de que igual sea candidato a diputado nacional por la minoría. El presidente de la Cámara de Diputados no alcanzó 50% de los votos que le exige la carta orgánica del partido para una reelección como legislador. La única manera de lograrlo, sería que se reúna la convención de la UCR y lo autorice. O que el propio Pascual reclame a la Justicia la invalidez de ese piso, algo que en 1985 logró el diputado radical por Chubut, Hernán Sabaley, o en 1987, en Entre Ríos, César Jaroslavsky. Demostraron que esa exigencia del partido de sus amores no figura en el código electoral que terminó autorizándolos a un segundo mandato.
2) Esa oferta de entrar como candidato consuelo, en quinto o sexto lugar de la tira de la Alianza, la conversó el propio Pascual el domingo por la noche con Jesús Rodríguez, padrino de la lista ganadora, con Terragno a la cabeza. Desde entonces, el titular de Diputados ha dicho que no, pese a que gente de la propia tropa le indica que acepte figurar en l boleta. La última vez fue la noche del martes, en la cena de autocrítica que hizo la nómina perdedora en un discreto salón del hotel Elevage, dominio del padrino de la lista de los derrotados, Enrique Nosiglia.
3) A esa comida asistieron los jefes de la lista, Facundo Suárez Lastra, José Canata, además de Pascual, la también vencida Cristina Guevara, quien tampoco logró porcentaje para reelegir y, por supuesto, Nosiglia. Canata fue el más crítico al reconocer que él había figurado en la nómina siendo un rabioso alfonsinista, como un mensaje al gobierno de que haga algunos cambios. Nosiglia agradeció el esfuerzo como un intento de respaldarlo a Fernando de la Rúa desde una posición dificilísima. Cerró Pascual con el ánimo más apagado: «Les agradezco que nadie lo quiera decir, pero era imposible ganar con la gente tan embroncada con el gobierno».
4) Ahí se supo de la oferta de Rodríguez y de la negativa de Pascual y los presentes en el Elevage le pidieron que reviese la negativa. «Es una manera de contener en algo las críticas de esa lista de Terragno contra el gobierno.» Pascual dijo que es en vano y que la oferta tiene una intención doble: menoscabarlo ante la opinión pública como un candidato consuelo y, más importante, comprometer a los delarruistas de la Capital Federal en la campaña electoral.
5) Esto último recoge un dato importante de adentro del delarruismo: no van a mover un dedo en la elección general para apoyar desde 48%, que retienen del aparato partidario, al candidato aliancista. De esto se enteró también De la Rúa el martes a la mañana en la larga charla a solas con Pascual. Los dos compartían la reunión de gabinete, cuando hubo un gesto: salieron ambos y a la media hora volvió solo el Presidente a su sillón ante los ministros.
6) Los amigos de Pascual confían en que el resultado de esa charla es el ingreso del diputado al gabinete nacional como ministro del Interior, silla para la que ya compitió en 1999. La lógica indica que eso, de cumplirse, debería ocurrir el 11 de diciembre, pero como la lógica no coincide con este tipo de decisiones en De la Rúa, algunos creen en cambios antes de esa fecha, para evitar que una zaranda de gabinete sea vista como resultado de las elecciones del 14 de octubre. En ese cambio de sillas se anota otro delarruista, de los dos que pierde en diciembre De la Rúa en el Congreso, el saliente senador José María García Arecha.
7) Este, una de las orejas del Presidente, pide vindicta de su propio gobierno, porque dice que adelantó hace rato que el delarruismo perdería las internas. Por eso pidió que esos comicios fueran abiertos y con él de candidato por la línea interna. El sector que represente se queja además del desentendimiento de De la Rúa respecto de esta elección, en que jugaba todo. Ven ese gesto como una prueba de que ha perdido sus mejores reflejos. Las críticas van también contra Pascual, que jugó su carrera política a que De la Rúa haría algún gesto para lograr una lista de unidad con Terragno. Armó la comitiva del Presidente a Lima para la asunción de Alejandro Toledo incluyéndose él y Jesús Rodríguez para cerrar una papeleta de unidad con el Presidente arriba del avión oficial. A último momento J. Rodríguez se quedó en Buenos Aires y volteó cualquier acuerdo. «¿Pueden creer -se lamentó Pascual en el Elevage ante sus amigos-que Fernando en todo el viaje ni abrió la boca para preguntarme sobre la ausencia de Jesús o la interna de la Capital?»
8) Este desentendimiento respecto de lo que se jugaba el Presidente en la elección del domingo, fue criticado con más énfasis por los integrantes no radicales del gabinete, domados algunos en las formas verticalistas del peronismo. «¡Es inconcebible! -sonó la voz de uno de esos ex peronistas del grupo el martes, en el despacho del jefe de ministros-¡En el peronismo esta interna ni se hubiera planteado! ¿Saben lo que hubiera tardado en intervenirse el partido si peligraba el territorio del Presidente?» Por eso somos radicales, fue lo único que se le ocurrió al dueño de casa.
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