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8 de noviembre 2002 - 00:00

Refuerza el menemismo alianzas en provincias

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El menemismo tomó nota de estos avances, sobre todo los que tienen que ver con la expansión territorial en el interior del país. Eduardo Bauzá, Alberto Kohan y el círculo más estrecho del ex presidente atribuyen la estrategia a Ramón Puerta. «Sólo Puerta puede armarles una trama federal como la que pretenden hacer; nadie del conurbano está en condiciones de llevarla adelante», le dijeron a Menem, quien escuchó sin pestañear.

La reacción del staff del riojano fue audaz: llevar también la guerra a las provincias. Los menemistas comenzaron a diseñar un censo de posibles candidatos a gobernador en cada uno de los distritos que se vayan alineando efectivamente con Duhalde: «En cada provincia tendremos un hombre e iremos a apoyarlo con Menem y con los recursos que tengamos».

La lógica de esta operación consiste en equilibrar la trama territorial del duhaldismo con una red similar, menos poderosa sin duda, pero inquietante, ya que ningún gobernador quiere que se abra ahora la puja sucesoria en su distrito. La jugada pone el dedo en una de las llagas que, suponen los de Menem, se abre en el costado adversario: «Los gobernadores pueden jugar a cualquier candidato que les ponga la Casa Rosada porque no se juegan su pellejo. Vamos a ver si harán lo mismo cuando les vaya a ellos también su suerte en la aventura», razonó un dirigente del interior, de los que coordinan la mesa más numerosa de cooperadores de la campaña de Menem.

Con independencia de las ambiciones y estrategias de unos y otros, la disputa comienza a tener olor a pólvora (en sentido figurado, aunque no tanto). Un hombre de Menem, cauteloso, lo definió con esta metáfora: «Todos podemos convertirnos en Pepe Figueroa». Es el diputado menemista, enfrentado al santiagueño Carlos Juárez, a quien le quemaron la casa en la provincia. En uno y otro bando piensan en riesgos. Operaciones de desestabilización realizadas a través de piqueteros, sindicalistas, militantes marginales, todo forma parte de la pesadilla de gobernadores y aspirante a las gobernaciones.

Si se consideran los recursos de unos y otros, Duhalde corre con ventaja. Controla el Estado nacional y desde allí su capacidad de operación territorial, para el bien o para el mal, es incalculable. Pero también corre con el mayor riesgo: es él quien echa incienso sobre su propio gobierno diciendo que al cabo de un año repuso la paz social en el país. Antes que la estabilidad del dólar, es este equilibrio el que empezó a resultar problemático desde ayer.

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