28 de febrero 2002 - 00:00

Remes dramático: "No nos cree nadie"

La firma del acuerdo entre Nación y provincias se hizo con música de camaleones. Durísimos, los gobernadores llegaron al salón Padilla del Ministerio de Economía en son de guerra. Rodolfo Gabrielli había rechazado las últimas condiciones de los gobernadores en la reunión que terminó en la madrugada de ayer en el Consejo Federal de Inversiones: la pesificación de deudas 1 a 1 y la eliminación del CER en la renegociación de la deuda con bancos privados.

Cuando Jorge Remes Lenicov se sentó frente a los mandatarios (acababan de arribar, rezagados, Felipe Solá y José Manuel de la Sota) pareció sin fuerzas.

El clima que logró ponerle a la tarde logró dar vuelta a ese pronóstico y terminó de convencer a los gobernadores que había que firmar o firmar.

Gabrielli
-autor del trabajo fino sobre los mandatarios y de disimular como logro cada cesión que hizo el acuerdo- repasó de arrancada los borradores de la última propuesta de los mandatarios y explicó por qué no podían pesificarse deudas 1 a 1 ni eliminarse el CER.

Solá
, que se había perdido el almuerzo de los mandatarios en el CFI, echó algo de dramatismo sobre la mesa. «Sacrificio viene -explicó a lo Grondona- de 'sacro' y de 'facere', es hacer algo sagrado. ¿Por qué no lo intentamos? »

Remes
, a tono con esa onda, tomó aire y acarició el totem, que es la mesa donde estaban sentados: «Sobre esta mesa se firmó, como sabrán algunos, en 1935 la paz entre Bolivia y Paraguay. Espero que nos sirva de inspiración para que logremos la paz entre la Nación y las provincias en este terreno financiero».

• Dramatismo

Más duro, el ministro remató el speech inicial con un dictamen dramático: «De acá tenemos que salir con una solución porque es lo que esperan todos. Es para empezar a pensar en un arranque de la economía sentándonos con el FMI. Si no lo logramos, espero que entiendan que es el fin de todos».

Alfredo Avelín
, conmovedor con el énfasis que le pone a todo, se quejó de lo divino y lo humano. «Iba caminando por la calle el otro día y alguien me gritó ladrón. ¿Qué te robé yo?, le pregunté, suave. Pero después igual me enojé», dramatizó para sonrisa de algunos.

Solá intentó seguir con la lección: «No se rían, porque el que no fue escrachado, seguro que va a que lo escrachen» (más risas). «El que te insulta cree que estás fuera del 'corralito', que estás bien, aunque estés dentro del 'corralito' y estés mal. Además, te critican porque ganaste un cargo prometiendo que ibas a cambiar el mundo y no has cambiado nada».

Ahí aprovechó
Remes Lenicov para la estocada final. Este economista, imperturbable cuando tiene que decir las cosas, repitió un rap que algunos le conocen: «Señores, hay que saber que estamos mal y podemos estar peor». Y siguió: «En el mundo no nos creen. ¿Dónde vieron ustedes un país que firma algo y después miente y no cumple? Es la Argentina.

¿Dónde vieron un país que recibiese $ 20.000 millones y apareciera ese dinero fuera del país en dos meses, sacado por los propios Argentinos? Es la Argentina».

Todos advertían que el cielorraso bajaba sobre sus cabezas:
«¿Saben una cosa? -continuó con voz suave Remes- el FMI ha pedido cosas tan difíciles, casi imposibles de cumplir, que en un auditorio con tanta gente me parece inconveniente decirlo en público?» (Silencio mortal). «¿Y saben más? No sé si firmando lo que estamos firmando el FMI nos va a terminar ayudando».

El silencio estaba tan pesado que un gobernador musitó, achicado,
«¿Qué quieren?», como pidiendo firmar lo que le pusiesen delante.

«Que la Argentina sea un país en serio. Las empresas privadas se achican, y se achican más. Frente a eso no podemos tener el Estado que tenemos. Como no podemos tener la Universidad que tenemos. Ustedes y nosotros tenemos que hacer el esfuerzo de bajar el gasto»
.

Al salir todos los gobernadores admitieron que el dramatismo del ministro había actuado como una bisagra de una reunión que estuvo en un tris de caerse. De ahí en adelante circularon con más velocidad los borradores del acuerdo que volvían a la cabecera de la mesa en cada vuelta que daba sobre la mesa con menos correcciones.

Al final, una PC terminó de volcar los reparos de gobernadores y Nación. El único que quedó disconforme fue el sanjuanino
Avelín. «Voy a consultar antes a mi provincia porque yo al Fondo no le voy a firmar fácil». Mientras se redactaba la versión final el médico sanjuanino saludó de a uno a los colegas y funcionarios. Gabrielli llamó a Olivos y pidió la presencia de Duhalde para la firma. ¿A Casa de Gobierno para el acto? «De ninguna manera, aconsejó el ministro del Interior -ya se nos fue Avelín. Si los dejamos cruzar la plaza de Mayo hasta el salón Blanco se nos va a perder alguno-. Mejor venite a Economía», le aconsejó Gabrielli a su Presidente.

Un misterio de la jornada: nadie sabe quién le avisó a
Carlos Ruckauf del acto. Lo cierto es que el inefable canciller se sentó -como el fantasma del gobernador que fue- para pellizcar algo de la foto final del acuerdo.

La sanluiseña Alicia Lemme cumplió con el mandato principal de su gestión, pedir que el Banco Nación le devuelva a su provincia las reservas por $ 360 millones que tiene encerradas en el «corralito» financiero. Es fruto, dijo con razón, de una buena administración que ahora queda castigada. Se enojó más, según su relato, cuando el titular del Central, Mario Blejer, le dijo que no puede hacer nada. Tampoco nadie le pudo dar allí respuesta por eso no firmó, como tampoco el salteño Juan Carlos Romero. Se dijo comprometido en una cena en la Embajada de Cuba y que hoy pasará a firmarlo.

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