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Líneas intermedias de las dos partes ya han cruzado pretensiones: parece complejo entendimiento, sobre todo porque la gente de Macri estima que la sociedad con el PJ porteño tal vez no sea saludable para sus intereses (es decir, le quite más votos de los que sume). Pero, aun así, habrá negociación y tal vez resultados: los peronistas ofrecen su «experiencia» -diría Eduardo Duhalde- como aparato para el día de la elección. «No vaya a ser que Macri tenga los votos pero no los sepa contar», explican con picardía, advirtiendo que las estructuras políticas del ibarrismo no se sonrojan cuando algún fiscal adversario está ausente o se va al baño (instante en que, las malas lenguas, dicen que aprovechan para incluir votos propios en la urna).
Ese es un dato intimidante quizá para Macri. Hay otro: ofrecerle algunos cuadros para que sean capaces de enfrentar o realizar operaciones. Señalan que no ha sido Aníbal Ibarra quien denunció -no en la Justicia, dato importante- el presunto incumplimiento del empresario para presentarse a las elecciones (por no disponer de domicilio en la Capital, aunque como todo el mundo sabe él vive en Palermo desde hace más de una década y la reglamentación exige «residencia habitual»). La advertencia -a tratar en su momento por el tribunal de Justicia capitalino o la jueza electoral- fue realizada por la legisladora porteña Sandra Dosch, del corazón del jefe de Gobierno. Para enfrentar estas acciones, según los justicialistas, Macri tampoco cuenta con «experiencia» de fogoneros en los medios.
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