3 de julio 2008 - 00:00

Retenciones: Kirchner dice que sólo lo para una bomba

Néstor Kirchner recibe, de Carlos Martínez, ex comisario de a bordo del Tango 01, un escudo del PJ tallado en madera. Aplaude, eufórico, Guillermo Moreno.
Néstor Kirchner recibe, de Carlos Martínez, ex comisario de a bordo del Tango 01, un escudo del PJ tallado en madera. Aplaude, eufórico, Guillermo Moreno.
Néstor Kirchner vuelve en momentos sensibles al Mercado Central. Por cábala: allí cerró su campaña presidencial en 2003; allí hizo lo mismo su esposa, en 2005 y en 2007. A horas de una votación clave en el Congreso, ayer repitió el rito.

Desde ese lugar, rodeado de changarines, el patagónico volvió a castigar al campo, repitió su salmo contra los piquetes chacareros y, sin sutilezas, insistió con la « sugerencia» a sus diputados para que voten el proyecto que ratifica las retenciones móviles.

«Los que llegaron en nombre de este espacio político, gobernadores, intendentes, diputados y demás, arribaron levantando este proyecto político. Entonces todos aquellos que levantaron esas ideas, las tienen que honrar», dijo, sin ambigüedades, Kirchner.

Reducto histórico del peronismo, prolífica fábrica de patovicas, el ex presidente se paseó por ese complejo del brazo de Guillermo Moreno, su pretor para el control de precios y la desconcentración de cacerolazos opositores. Moreno reina en el Mercado Central.

Se recostó, para eso, en Fidel «Batata» Juárez, un militante del PJ local, que se referencia en Alberto Balestrini como otros «batatas», que merecieron hasta un libro, respondían a otro mandamás matancero: Alberto Pierri.

  • Diploma

    Juárez, que comanda al grupo de changarines de carga y descarga, se mereció ayer un diploma «a la militancia» entregado por el propio Kirchner que se ligó, a su vez, un escudo del PJ tallado en madera. Otra pieza para el inagotable bazar peronista.

    Fue, hasta ahora, el más explícito apoyo a Moreno por parte de Kirchner: el secretario, eufórico dueño del show, se lució más que Daniel Scioli o, incluso, que Balestrini, jefe local. Pero Moreno, de visita diaria al predio, «ama el Mercado Central». «Es su unidad básica», dicen allí.

    Son célebres allí sus entreveros con Miguel Saredi, el director que puso Mauricio Macri, quien suele desafiarlo. En cambio, los otros dos directivos, lo veneran: Carlos Martínez, puesto por Scioli, y Fabián Dragone, delegado nacional, acatan sin chistar sus mandatos.

    Gente aplicada: Dragone mereció ese cargo, del que cada tanto se lo considera expulsado, por haber sido kirchnerista cuando nadie lo era. Cayó en desgracia cuando Kirchner pactó con Alejandro Granados, intendente de Ezeiza, con quien Dragone está enfrentado.

    Martínez tiene, a su vez, un tarjetero inmenso: ex comisario de abordo del Tango 01, llegó a la dirección del Mercado Central propuesto por Scioli pero tiene trato preferencial con Julio De Vido y, por ósmosis, con Moreno.

    Tanto ama esas naves y el griterío de los changarines, que Moreno «intervino» de facto el Mercado Central luego de que, por orden de Kirchner, la autoridad sobre el mismo pase de la Secretaría General de la Presidencia, de la que dependió por años, a la Secretaría de Comercio.

    Todo se explica: el Mercado Central fija precios en frutas y verduras, y la cruzada de Moreno contra la inflación tiene allí un mojón fundamental. Kirchner, ayer, con su presencia, reforzó esa jugada al mostrarse elogioso y sonriente junto al funcionario.

  • Falsa alarma

    Materia prima para el discurso del patagónico, el acto arrancó más tarde de lo previsto: una amenaza de bomba obligó al desalojo y a que efectivos antiexplosivos de la Policía Bonaerense revisen los rincones en busca de un bulto improbable. No encontraron nada, obvio.

    «Hay sectores políticos y económicos que quieren frenar y desestabilizar la Argentina. Hoy llamaron para decir que habían puesto una bomba. Podrán amenazar con 100 bombas, salvo que exploten, la transformación no la van a poder parar», animó a la platea.

    Desde el tumulto de La Matanza, saludó también a la «clase media», a la que le reprochó no estar del lado de los «trabajadores». «Queremos defender los intereses del pueblo argentino, defender la alianza policlasista, defender la construcción nacional», dijo.

    Lo demás, libreto repetido: cuestionamientos al lockout del campo y el elogio a su esposa, Cristina de Kirchner, por no ceder ante los reclamos de los sectores del agro. Como si no hubiese sido él, y no su mujer, quien se resistió a un pacto.
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