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Ayer el Ministerio de Relaciones Exteriores debió enmendar ese desatino y resolvió suspender ese tramo del viaje presidencial, que se limitará a Roma. Duhalde estará en el Vaticano, que sostiene la posición pacifista que él abraza (explicó en público, en una declaración que habría que olvidar piadosamente, que lo hace por miedo a las represalias). Pero el Presidente irá también al encuentro de Silvio Berlusconi, quien con menos estridencia que hace un par de semanas, ha sostenido en Europa la posición de los Estados Unidos (lo que le valió, según la prensa italiana de centroizquierda, un reto del Papa en una comida privada). ¿Discutirá Duhalde con Berlusconi? ¿Qué dirá sobre la deuda externa en el país con más tenedores de bonos defaulteados después de la Argentina? Son preguntas que «Rucucu» no se hizo.
En cambio sí advirtió los mismos problemas en relación con España. Duhalde pensaba pasar por Madrid después de visitar Marruecos, pero también ese tramo del viaje fue suspendido. Aznar adoptó un altísimo perfil en relación con Irak, y el Presidente no está en condiciones de que este español lo vuelva a retar por su pacifismo (ya lo hizo en el último viaje, hablando de la necesidad de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional), como el Papa a Berlusconi, pero con argumentos simétricos. Además, el horno no está para bollos con España. El embajador Manuel Alabart está escaldado con Roberto Lavagna por la negativa del Ministerio de Economía a dejar salir del «corralito» a los depósitos que el gobierno español realizó en Buenos Aires para pagar pensiones a los ciudadanos de su país. El argumento de Madrid fue que para esos fondos debería reconocerse el mismo status que se les dio a los recursos de las embajadas.
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