Se agravó pleito con Uruguay
Tabaré Vázquez -de pronto realista por el apremio al que es sometido en su país por la oposición- se les plantó al rey de España y a los Kirchner por el encendido de Botnia. Dijo: "No negocio nada si no levantan los cortes en la Argentina". Declaración que azoró a los titulares de la Casa Rosada, sin respuesta anoche y reunidos por horas como si fueran a declarar una guerra. Se nubla, en este cuadro, el viaje triunfal que el matrimonio realiza hoy a Chile, habrá abrazos con la fracasada gestión del monarca y, por supuesto, desestimaron cualquier encuentro con el mandatario uruguayo. No alcanzó siquiera la última opinión de Cristina, quien había lanzado un mensaje al aire rioplatense anunciando que "Botnia era una realidad y sólo quedaba saber si contaminaba o no".
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Néstor y
Cristina
Kirchner
llegan hoy a
Santiago de
Chile, donde
se realizará
la Cumbre
Iberoamericana.
En
tanto, ayer
estuvieron
en Costanera
Norte en la
inauguración
del Parque
de la Memoria,
ya una
costumbre
en la gestión
kirchnerista.
Pasada la medianoche, Taiana llegó a Santiago para sumarse a la avanzada que integran Agustín Colombo Sierra, subsecretario de Política Latinoamericana -enfocado en el documento final de la cumbre-; Alberto D'Alotto, jefe de Gabinete de la Cancillería, y la negociadora Susana Ruiz Cerruti.
Por la tarde, la abogada argentina se vio con Yáñez Barnuevo. Herméticos, tanto el mediador de la Casa Real como los funcionarios uruguayos y argentinos rehusaron dar detalles. A las 19, Tabaré convocó a una reunión de evaluación de la que participaron el canciller Reynaldo Gargano, Alicia Torres y José Luis Cancela.
La obsesión de la delegación uruguaya era esencialmente una: moldear la situación para evitar que el fracaso de la negociación en Chile se cargue sobre los hombros de Montevideo con el argumento de los dichos del presidente.
En tanto, en Buenos Aires, la táctica era inversa: dirigir los reflectores hacia Tabaré para imputarle ser el responsable de que fracase el diálogo y, además, señalarlo como el que deja en off side al rey, quien sería «víctima, al igual que la Argentina, de los devaneos» del presidente uruguayo.
Por la tarde, se habló de contactos informales entre las dos delegaciones: no existieron. En la nebulosa permanece, también, la posibilidad de una cumbre Kirchner-Vázquez, con la presencia del monarca y José Luis Rodríguez Zapatero.
-¿Se va a encontrar mañana (por hoy) con Kirchner? -le preguntó este diario a Tabaré Vázquez.
-No hay nada en agenda.
-¿Y con el rey Juan Carlos?
-Tampoco. No hay nada previsto -se despidió Tabaré, antes de partir a cenar con su esposa, María Auxiliadora, el canciller Gargano y los demás técnicos uruguayos.
Lo que no logra unir el rey casi lo unió la casualidad: unos pocos minutos después de la salida del grupo uruguayo, por otra puerta del San Cristóbal Tower partieron -también a cenar- Cerruti, Colombo y D'Alotto.
Antes, incansable, Yáñez Barnuevo remó contra la corriente para producir un acercamiento al menos formal, para «la foto». El mediador real, según trascendió, estaría trabajando con la idea de un protocolo compartido de compromiso binacional con la defensa del medioambiente.
Una observación: Yáñez Barnuevo sólo tiene por misión salvar el prestigio del rey, para lo que trata de evitar que la mediación de la Casa Real quede en los anales como un fracaso rotundo.
Pero las palabras tempraneras de Tabaré parecían haber dinamitado todas las esperanzas. «No hay mucha expectativa en cuanto a que se pueda avanzar hacia una solución», dijo el uruguayo y negó a sus voceros al anunciar que «sí o sí», la «semana próxima» Botnia comenzará a funcionar.
Anteayer, desde la Cancillería uruguaya trascendió informalmente que «como gesto» -más hacia el rey que hacia la Argentina-, el inicio de las actividades de la pastera se prorrogaría y deslizaron que no sería, como se especuló, el lunes 12, sólo 48 horas después de la clausura de la Cumbre Iberoamericana. Pero Tabaré desdijo a sus funcionarios: desde Carrasco señaló que es inminente que Botnia comience a «funcionar». Tarde, cerrada la jornada, uno de los negociadores evaluó las conversaciones: «Mañana será otro día».




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