Tan extravagante es la relación entre la Argentina y Venezuela que Rafael Bielsa se sintió obligado a enviarle en 2004 una nota personal a Néstor Kirchner para aclarar que su cancillería se desentendía de las negociaciones que mantenía el gobierno por intermedio de otros ministerios (léase Julio De Vido). Fue el preaviso de su salida del ministerio.
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Tan rara es esa relación que Claudio Uberti -funcionario del Ministerio de Infraestructura con silla en el ente que controla los peajes y administrador de los negocios públicos entre los dos países- ha tenido sobre su mesa una muestra de calcetines de lana con las imágenes de Juan Perón (pierna derecha) y Eva Duarte (pierna izquierda). Se las acercaron unos pymes textiles confiados en que un fideicomiso binacional podía ser su cliente. Chávez es un fana de Perón, ¿cómo no va a comprarnos varios miles de pares de estas medias para regalar a todo el continente?, intentaron explicarle.
Las nacionalizaciones que anunció Hugo Chávez son otra oportunidad para que el gobierno calle de nuevo. Con todos los funcionarios de vacaciones, la noticia les llegaba ayer a través de los periodistas que querían saber qué opina Buenos Aires de esta vuelta de tuerca del bolivariano hacia el socialismo -esa justificación ideológica que tienen hoy las dictaduras, como en los años '30 lo era el corporativismo fascista-.
«Es un problema interno de Venezuela», es la respuesta tópica. Pero nada de lo que hace ya Chávez en Venezuela es algo que sólo afecta a los venezolanos. Es uno de los principales financistas del Tesoro argentino -lleva ya comprados más de u$s 4.000 millones de bonos argentinos-y la Argentina es uno de sus principales proveedores, con ventas de más de u$s 600 millones que hacen de Venezuela un destino difícil de reemplazar ante una crisis en el corto plazo.
Ni qué hablar de ese raro fondo que administran el Bandes (banco de desarrollo de ese país) y el criollo Bice integrado con lo que le paga la Argentina a Venezuela por compras de gasoil, que acumula cerca de u$s 200 millones por año desde 2004 y que es una muestra del modelo pampa de las relacionesentre los dos países: la Argentina compra gasoil y fueloil a precio internacional afuera para no autorizar alzas de precios a las petroleras locales y con la renta que se paga se integra una mesa de saldos y retazos ante la que hacen cola empresarios argentinos de todos los rubros, de lecheros a metalúrgicos, pasando por cineastas y fabricantes de artículos protegidos por el «compre bolivariano».
Nadie ha podido explicar aún cómo funciona ese fondo, con qué criterios se reparten las compras; por supuesto que el sistema está en la lupa de los patrulleros que controlan la virtud ajena y que esperan, junto al juez, a los gobiernos en la bajadita.
Ficción
Que Chávez estatice las actividades estratégicas de electricidad, teléfonos y agua no puede ser un tema interno de su país. La relación comercial y financiera generada desde 2004, lubricada por la incorporación relámpago de Venezuela al Mercosur, hace que un estornudo en Caracas puede resultar en un achuchón en Buenos Aires.
Ni decir lo que Chávez y el chavismo van a ser en los próximos años, cuando esa ficción que es hoy el Parlamento del Mercosur empiece a integrarse con diputados de los países que lo componen. Los presidentes de la región, que han facilitado con la alegría que da la promesa de cargos esa creación de una rama legislativa del Mercosur, advierten tarde que ya existen en por lo menos la Argentina, Bolivia, Uruguay y Brasil nacientes formaciones partidarias que se identifican con el chavismo. Cuando toque en 2011 elegir los representantes, esos partidos chavistas van a hacer campaña con el líder bolivariano a la cabeza y van a competir con los cacicazgos políticos de cada país. El debate sobre esa amenaza a los partidos atrasó varios meses en el Uruguay la aprobación al año pasado del acuerdo para crear ese Parlamento; es lo que demora también su ratificación en el Congreso del Paraguay.
Ese Chávez que como Castro se ha sumado al subconsciente de quienes quieren tener un antimperialismo de tocador puede ser en los próximos años el nuevo emperador, sólo porque supo seducir con la billetera del gaucho con plata al pobrerío del barrio la región. Por supuesto que ya será tarde, como siempre.
Kirchner va a estar ante una situación clásica de su gestión: desencadena procesos que después no puede administrar -la crisis Gerez es el último ejemplo-. Si es cierta la leyenda de que la misión de Washington a Kirchner es que Chávez no se pase de vueltas, el Presidente deberá dar alguna explicación que vaya más allá de los retos que le propinó en las últimas cenas a solas. Si no es cierta esa leyenda, Kirchner deberá aclarar si comparte las andanzas de este discípulo que le salió de grande.
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