28 de enero 2002 - 00:00

Se endurece Remes: vetó a un ultraduhaldista en Obras Públicas

Que Hugo Toledo no se convierta finalmente en secretario de Infraestructura y Obras Públicas puede ser una anécdota para la historia pequeña del duhaldismo. Se trata del ex ministro del ramo durante toda la gestión de Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires, cuando la construcción tuvo tanto despliegue que al gobernador lo llamaban, cariñosamente, «Ramsés II». En aquel tiempo se hizo famoso en La Plata no solamente por ese volumen de actividad, también por las controversias judiciales que envolvieron algunos emprendimientos -procesos ligados a la construcción de escuelas, por ejemplo- y por la prosperidad que su gestión concedió a empresas contratistas que, acaso de melancolía cuando abandonó el cargo, entraron en concurso.

La barrera que, al menos hasta anoche, impidió su ingreso al gabinete nacional tiene que ver con una dinámica más profunda de la actual administración. Porque si Toledo fracasó en su intento fue porque Jorge Remes Lenicov, el ministro de Economía, lo vetó duramente. La resistencia de Remes a convivir nuevamente con aquel viejo colega del gabinete bonaerense llegó a tal punto que por un par de días Infraestructura estuvo fuera del organigrama del Palacio de Hacienda, como secretaría dependiente de la Presidencia. Recién durante el fin de semana, cuando se supo que el escribano de Lomas de Zamora no ingresaría al gobierno, Remes se interesó en que el área regresara a su cartera.

• Emblema

La oposición del ministro de Economía fue decisiva y barrió con un emblema del duhaldismo íntimo. La quinta de Toledo, Los Caudillos, es habitualmente el lugar que elige el Presidente para congregar a su liga de intendentes bonaerenses. El propio escribano se precia de haber sido quien le presentó a Duhalde a su esposa «Chiche» y se ufana de que «le enseñé a cantar la marcha peronista al 'Negro'», un bancario de pasado democristiano. Pesada carga la de Remes. Ahora a Toledo le quedarán pocas cosas cercanas a Duhalde. Una, la presencia en el COMFER de Carlos Caterbetti, quien hizo también extender su fama por La Plata cuando era su mano derecha en Obras Públicas. La otra, una difusa vocación por la electricidad que lo acerca de a ratos a Yacyretá buscando una butaca de director. La única que quedaba vacante se cubrió la semana pasada: Carlos Ruckauf y Esteban Caselli impusieron el nombre de Angel Santángelo, quien hasta hace pocas semanas se había desempeñado como asesor del actual secretario de Culto en la Secretaría General de la Gobernación bonaerense.

La de Toledo no es la única incorporación dificultosa del gabinete. Hasta anoche, tampoco Juan Manuel Valcarcel, quien fue otrora el principal custodio de los intereses del monopolio «Clarín» en la Comisión de Telecomunicaciones de la Cámara de Diputados, tiene el camino allanado para hacerse cargo de la Secretaría de Comunicaciones. Sigue soportando la sombra de Julio César Aráoz, a quien frena la oposición de José Manuel de la Sota. Como se ve, Duhalde está entre dos fuegos y no decide.

Ausente Toledo y reducida el área de Infraestructura a las dimensiones aceptadas por Remes, también pierde en la jugada la senadora Mabel Müller, la segunda de Duhalde en la Cámara alta y esposa de Oscar Rodríguez, el segundo de la SIDE. Cuando era diputada, la Müller se desempeñó en la Comisión de Medio Ambiente, donde se aproximó a un viejo funcionario del duhaldismo bonaerense, Ricardo Jileck. La senadora amadrinaba a este arquitecto para la Secretaría de Medio Ambiente y se mostró tan activa en ese afán que casi se pelea con Toledo por el área de Recursos Hídricos, que ella pretendía sustraerle a Infraestructura. Terminó siendo una discusión quimérica. No sólo por el traspié de Toledo: tampoco Jileck iría a la oficina ambiental, por dos razones básicas. La primera, un funcionario de la actual gestión de Felipe Solá le hizo llegar a Duhalde durante el fin de semana un informe sugiriendo que las relaciones de Müller/Jileck con María Julia Alsogaray, antecesora en el cargo, eran demasiado estrechas para el paladar del gobierno. Segundo, se exhumaron algunos sumarios que se realizaron en La Plata cuando Jileck era funcionario de Salud y no salió bien parado en las pesquisas (por su capacidad para «guadañar» en el Ministerio lo llamaban «Gillette»).

• Invitación

De aquellas internas bonaerenses los resabios son mil ahora, cuando el grupo accedió a la tierra prometida del gobierno nacional. Sin ir más lejos, uno de los inspiradores intelectuales de Duhalde, Luis Verdi, aceptaría la invitación a ser secretario de Cultura. Pero siempre y cuando el cargo no dependa de Educación. «Nada personal con Graciela (Giannettasio)», le aclaró el propio Verdi a Jorge Asís en una cumbre gastronómica de la calle Posadas. Sin embargo, se trató de una profesión de neutralidad sospechosa: en La Plata, como secretario de Cultura de la provincia, Verdi no toleró jamás tener que reportar a la ministra actual.

Como se ve, las inhibiciones y trabas que provienen del pasado común son demasiadas en el duhaldismo. En cambio, quienes son ajenos a esas filas se mueven más sueltos de cuerpo en el gobierno. Lo demuestra Graciela Rosso. Médica y seguidora fiel de Juan Pablo Cafiero, formó parte del triunvirato del PAMI durante la gestión de Federico Polak y se incorporará ahora al Ministerio de Salud por designación de Ginés Alvarez García, el ministro del área. La Rosso tiene menos complejos que su jefe, «Juampi»: él creyó necesario informarle a De la Rúa, recluido en el campo balcarceño de los Fornielles, que aceptaría formar parte del gobierno de Duhalde. Un gesto que el ex presidente sigue esperando de Horacio Jaunarena (no de Jorge Vanossi, con quien está distanciado desde hace años y a quien marginó de su gobierno). Es cierto que en el radicalismo todos entienden a Jaunarena: lo suyo es un servicio al Ejército, institución con la que está casi más identificado que con el radicalismo. Habrá que ver qué efecto le produce la campaña antidelarruista que está por desatar un grupo de diputados ligados al Presidente. Después de todo, fue secretario general y ministro de Defensa del hombre al que pondrán en la picota.

Otra que cruza el Jordán a nado y en el sentido que se le pida es Diana Conti, también del Frepaso. Fue secretaria de Derechos Humanos de la gestión de De la Rúa. Después secundó a Raúl Alfonsín como candidata a senadora bonaerense. Ahora irá detrás de «Juampi», a la vicejefatura de Gabinete, para organizar la «segunda reforma del Estado». Hacen bien en numerarlas porque da la sensación de que van por la 528 y que, sin embargo, ninguna se llevó adelante después de la primera, de la que todo el mundo hace leña.

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