Se suspendió una semana la cumbre Kirchner-Tabaré por las papeleras
A nadie extrañe que un trajinado conflicto como el que divide a la Argentina y el Uruguay por la construcción de dos plantas de celulosa en la frontera del río Uruguay se demore y tenga nuevas complicaciones. El dilema entre negocios y principios es difícil de superar con el solo recurso de la dialéctica o la fuerza, y por eso una demora en firmar acuerdos no es gravitante. La dificultad en convenir un documento convincente y para acordar los nombres de los expertos a quienes se les pedirá una solución forzó a una postergación de una semana del encuentro de Kirchner y Tabaré Vázquez que iba a realizarse hoy en Colonia. Si de esos debates entre técnicos de los dos gobiernos va a salir una luz de solución a tan trabado conflicto, la espera de una semana es insignificante. En resguardo de las formas, hubiera sido mejor que no se anunciara ya con parte de las delegaciones instaladas en Colonia; evitaría suspicacias en un caso que ya está alimentado de demasiadas percepciones capciosas.
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Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez decidieron cancelar la cumbre prevista para hoy por el
conflicto de las papeleras. El anuncio llegó tras la reunión que el santacruceño mantuvo con
Julio De Vido y Jorge Obeid en la Casa Rosada.
Desde Gualeguaychú, hace ya una semana, un sector de los vecinos pretende introducir en la agenda presidencial de La Anchorena la alternativa de que las papeleras sean, si no suspendidas, localizadas en otro paraje del Uruguay. Hay ambientalistas que dicen haberle planteado a Alberto Fernández esa hipótesis y que el jefe de Gabinete la contempló como susceptible de ser expuesta ante Vázquez.
Un activo dirigente del PJ entrerriano, como es el ex senador Héctor Maya, fue más allá: desde hace ya dos semanas envió una propuesta completa de relocalización de las plantas de ENCE y Botnia. Los destinatarios, nada menos que Cristina y Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Ginés González García (en su carácter de ministro de Medio Ambiente, aunque hasta ahora fuera de esta disputa).
Es bastante razonable -hasta para el propio Kirchner debe serlo- que Vázquez no puede aceptar sin un alto costo la propuesta de esos entrerrianos ecologistas. Su máximo costo posible es el que paga en estos días: la suspensión de las obras en homenaje a un acuerdo. Ir más allá permitiría amenazas de retirada por parte de las compañías. Y esa ficha caería sobre otra en este dominó de presiones: la oposición oriental le endilgaría a la izquierda ser un factor de desinversión. Un dardo letal para un partido como el Frente Amplio, que a pesar de ser el autor del lema «Uruguay natural» cree ser el encargado de introducir a su tierra en la desconocida arena de la industrialización.




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