31 de mayo 2006 - 00:00

Según el trotskismo, la Plaza fue un fracaso

El Partido Socialista de los Trabajadores, una fracción trotskista de honda raigambre intelectual -prefiere los debates librescos a la búsqueda de los inhallables votos- criticó la plaza oficialista del 25 de Mayo como un intento frustrado del gobierno de alcanzar legitimidad popular. En el periódico «La Verdad Obrera», su columnista discurrió sobre ese cuestionamiento en estos términos.

El gobierno quiere mostrar como un logro que «recuperó» la presencia en la Plaza de Mayo el 25. Desde el palco se anunció la asistencia de 350.000 personas, pero un cálculo real indica que a lo sumo se aproximó a los 100.000 manifestantes.

Hagamos una cuenta sencilla para medir la veracidad del discurso oficial. Si es cierto que la Plaza y adyacencias ronda los 40.000 metros cuadrados, los entusiastas locutores oficiales habrían logrado concentrar en cada metro cuadrado 8,75 «compatriotas», tal vez uno arriba del otro o desafiando las leyes de la física. No se aconseja viajar en el subte a las 18 de un lunes porque somos cuatro por cada metro cuadrado.

Pero hay otra mentira más. ¿Puede contarse como un gran triunfo gubernamental movilizar sólo decenas de miles contando con todo el aparato de Estado nacional? ¿Es todo lo que puede movilizar como muestra de apoyo popular esta clase dirigente? ¿Con intendentes, gobernadores, punteros de todo el país, burócratas sindicales a su disposición, con cientos de micros, transporte público gratuito, artistas populares, con una costosísima publicidad en radios, TV, diarios y afiches? Todo el despliegue del aparato clientelar y de publicidad, utilizando los fondos públicos y los sindicales, lejos de sumar manifestantes espontáneos, más bien provocó rechazo o indiferencia. Era un objetivo del gobierno movilizar a sus votantes por fuera de los aparatospero no lo logró. El amplioapoyo de las clases mediasy los trabajadores que Kirchner muestra en las encuestas no significa apoyo a burócratas sindicales y punteros. Más difícil que meter 9 personas en un metro cuadrado es hacer digerible a Othacehé o Barrionuevo y conseguir que a su lado marche una trabajadora docente.

Kirchner quiso disfrazar esto con un palco junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y volviendo a reivindicar a los 30 mil desaparecidos. Pero abajo del palco estaban, no muy visibles para las cámaras, muchos de los que impulsaron las Tres A y los ex menemistas de los indultos a los militares en los 90. «La plaza del sí» fue un acto copado por el «pejotismo» con un intento de disfrazarlo desde el palco y para la TV.

  • Nada nuevo

  • En el discurso que hizo Kirchner en 14 minutos no hubo nada nuevo. Repitió con tono de tribuna electoral los logros de su gestión: que pagó la deuda al FMI como si fuera un acto de soberanía y no un favor a los usureros internacionales. Pidió que lo apoyen para «tener fuerza» y no doblegarse a «ciertos intereses» que lo «quieren ver arrodillado». Pero en la Argentina los que tienen el poder económico son los grandes capitalistas nucleados en la AEA y la UIA, la «patria empresaria» que hace pocos días firmó con la CGT una solicitada de apoyo a Kirchner. Por eso el Presidenteno habló de salarios ni «distribución de la riqueza», ni siquiera de los proyectos de reformas a las leyes laborales de los 90. Sólo habló de « crecimiento de la industria», es decir, de las superganancias de las grandes patronales como «logro de tres años de gestión».

    Esto habla de una debilidad política de «la plaza del sí». Muestra que el gobierno no puede ensanchar sus alianzas y que, para movilizar en su apoyo o ganar elecciones, depende del aparato «pejotista». Este a su vez utiliza la figura presidencial para reciclarse y mantener su cuota de poder. No los une «el amor» que proclamó Kirchner en el acto, sino la caja de recursos del Estado con la que se hace política clientelar. En la misma Plaza que el 20 de diciembre de 2001 se levantó el «que se vayan todos», Kirchner -que se presentó como la respuesta a este reclamo popular- festejó el Día de la Patria con todos los que no se fueron. Es verdaderamente lamentable que el prestigio ganado en la lucha por los derechos humanos por Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo sea puesto al servicio de semejante operación política.

    Los trabajadores miraron el acto por televisión, pasivamente. Pero no es mayoritariamente una muestra de oposición al gobierno sino de indiferencia política e ilusiones en que los cambios vendrán de arriba. Esto muestra una debilidad de la conciencia obrera. Pero nadie «da la vida» por Kirchner.

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