La tentación de la política argentina de arrastrar todo dentro de la grieta, incluido el festejo por la consagración de la Argentina en el Mundial Qatar 2022, fracasó. La manifestación popular de agradecimiento al equipo de Lionel Messi y el deseo de los jugadores de saludar a la gente quedó graficado para la posteridad en la expresión callejera más multitudinaria de la historia dentro de la Capital Federal, que solo en los alrededores del Obelisco y en la zona céntrica congregó a alrededor de casi 5 millones de personas, según cifras oficiales. A ellos deberá sumarse la interminable peregrinación desde el predio de AFA y los kilómetros que separan del centro a lo largo de la autopista Ricchieri. La gente en la calle jamás se enteró de la interna política que se desató durante toda la jornada y no melló un ápice el ánimo de afecto que este Seleccionado tatuó en la memoria colectiva por el triunfo en el campeonato del Mundo. Ni siquiera porque debió abortarse la caravana -lejos de su periplo inicial- por múltiples motivos: un operativo superado y con desinteligencias cruzadas; una interna desatada entre la AFA y el Gobierno; el Gobierno y la Ciudad; el agotamiento de los jugadores tras cinco horas de estar a pleno sol casi sin dormir en dos días; y hasta problemas mecánicos del micro que los trasladaba que, insólitamente, comenzó a recalentar, a riesgo de quedarse.
Fracasó intento de sumergir los festejos de la Selección entre internas y "grieta"
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En la previa, la oposición había intentado fustigar al Gobierno por haber decretado feriado nacional y temía –de forma mezquina- una foto en el balcón de Casa Rosada que permitiera derramar algo del cariño popular hacia el oficialismo. Con el resultado de la movilización, el único error achacable al Ejecutivo fue la demora en el horario de la confirmación, el lunes, que arrastró toda la coordinación logística entre Nación-PBA-CABA bien entrada la madrugada, hasta las 3 AM de ayer. El plan del recorrido nunca incluyó una visita a la Casa Rosada, algo que el albertismo y los ministros más fieles se negaban a perder esperanzas y creían posible, todavía en plenas idas y vueltas de la jornada. Así también se apuraron a difundirlo lo que generó el efecto contrario de mayor resistencia en el grupo que ignoró cualquier mensaje de acercamiento que intentara convencerlos. Los jugadores y Claudio “Chiqui” Tapia –en especial- no estaban dispuestos a concederle la foto a Alberto Fernández. Chiqui arrastra viejos rencores sobre ese sector acerca del intento de desestabilizarlo al frente de la AFA que le factura al Presidente, junto con la presión que la IGJ hacía sobre la legitimidad de una asamblea que puso en riesgo que siguiera al frente de la Asociación de Fútbol Argentino. Para el seleccionado, podría decirse que era un problema inexistente porque el objetivo de fondo era otro: celebrar.
En la historia quedará si hubo falta de imaginación para diseñar un trayecto distinto desde el predio de AFA que los depositara vía aérea en el centro porteño y que desde allí pudiera establecerse un corredor seguro para que desfilaran en micro descapotable hasta el Obelisco con pantallas gigantes para el público alejado. Hubiese requerido un mínimo de 12 horas de preparación que nunca hubo.
Para los jugadores y para Tapia -quien tenía delegada toda la logística- la única manera de no ser emboscados era salir desde el predio de AFA en la caravana vía terrestre. El recorrido inicial programado por las autoridades de seguridad era tomar Ricchieri, doblar en General Paz hacía el Río de la Plata, tomar Lugones. Hasta allí iría custodiado el micro por el primer anillo a cargo de la PFA y rodeado por una “cápsula” de la Policía Bonaerense. Desde Udaondo en adelante, la posta la de la “cápsula” la tomaría Policía de la Ciudad para llegar luego de Lugones hasta el Paseo del Bajo, atravesar la Ciudad y retomar la Autopista 25 de Mayo. Allí se detendrían sobre la traza elevada para saludar a la gente que había colapsado la 9 de Julio. De allí seguirían por Dellepiane, para volver rumbo a Ezeiza en el camino inverso al inicial. Cuando los jugadores se montaron al micro a las 11:30, ya sabían que no irían hacia el Obelisco. Era imposible por la cantidad de gente que ya se había congregado. El problema es que la delegación avisó vía Twitter que la idea iba a ser quedarse sobre la Autopista. Pasó poco tiempo hasta que una multitud invadiera la autopista en una escena nunca vista antes. Desde la Ciudad apuntaron que les fue imposible evitar que la gente subiera a la autopista inmediatamente.
En el camino, llovían reproches cruzados entre Nación y Sergio Berni por la lentitud en la que avanzaban. Más interna. La AFA esquivaba los intentos infructuosos para desviarlos hacia la Rosada, que se había cerrado completamente y preparaba la explanada para una llegada triunfal que jamás ocurrió. Nunca llegaron a doblar en General Paz. A la par, tres lúmpenes se descolgaron de un puente debajo del que pasaba el micro a la altura de Tapiales. Dos cayeron sobre los jugadores y uno perdió el pie y cayó por detrás. Fue la gota que colmó el vaso. Ya se incrementaba el riesgo para la seguridad de los jugadores.
El inistro nacional Aníbal Fernández alertó que la situación no daba para más y propuso un plan alternativo que teóricamente le cerró a todos. Iban a “evacuarlos” de alguna manera, desviándolos hacia tres helicópteros en la Escuela de Cadetes que habían conseguido de las fuerzas de Seguridad para hacer un sobrevuelo. Tenía que comunicárselo a Berni y a Tapia. Siguieron de largo y no doblaron en General Paz. Tapia echaba maldiciones sobre Fernández y sobre Marcelo D´Alessandro, el ministro porteño por el cambio de rumbo. En el entorno del mandamás de la AFA aseguran que nadie les avisó que cambiaban de ruta. Eso explica el tuit posterior de Tapia en el que primero responsabilizó del cambio a las fuerzas de Seguridad y luego publicó otro resaltando el operativo mientras estuvo a cargo de Berni, con quien tiene especial afinidad. Por omisión le reprochaba a la Nación y a CABA no poder cumplir con la gira original. A esto se le sumaba el episodio de los paracaidistas del puente, el agotamiento de los jugadores que ya llevaban 5 horas y todavía no habían ingresado a Capital a pleno rayo de sol y hasta los indicios de recalentamiento que el micro comenzaba a experimentar en su motor. En este escenario, la decisión de Aníbal terminó siendo la acertada, pese a que los resquemores expusieron una dura interna interjurisdiccional dentro del Frente de Todos que se agregaba al imán de la grieta. La nómina de heridos que fue poca –en proporción a la gente que se movilizó- e incluso, el cierre de la jornada con un foco de incidentes graves en torno al Obelisco terminaron siendo anecdóticos.
El resumen es que todo ese combo de internas oficiales, la mezquindad de la grieta en la que tironeaban al Seleccionado entre la oposición y el oficialismo por una foto no logró empañar un festejo histórico entre la ciudadanía y los jugadores quienes, como última lección de valor, se volvieron indiferentes ante esa agenda tan pequeña.
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