27 de marzo 2001 - 00:00

Senado da menos tiempo a Cavallo

Se demoró ayer en la Cámara de Diputados el debate por los poderes especiales que pidió el gobierno. Hasta anoche, sólo se había votado el primer inciso del artículo uno. Después de 16 horas de sesión, los diputados decidieron ayer al mediodía pasar a un cuarto intermedio y retomaron la sesión pasadas las 22. Durante la tarde, negociaron más cambios en el proyecto: los empleados de los organismos descentralizados y entes oficiales tendrán dos años de estabilidad en el cargo en lugar de uno, como se estableció inicialmente. También se amplió la lista de organismos que no podrán ser privatizados y se confirmó la inclusión del PAMI. El gobierno tampoco podrá modificar la legislación de la seguridad social, el régimen de ART, las asignaciones familiares y las obras sociales. Todo esto fue logrado a último momento por presión de la CGT oficial. Los senadores piden cambios similares en el proyecto, pero se preocuparon por el plazo de delegación de facultades, que se reduciría de 12 a 6 meses. Podrían tratarlo hoy. Los mercados están atento a este debate, especialmente centrados en si se recortan en demasía las facultades adicionales solicitadas por el Poder Ejecutivo.

Domingo Cavallo tendrá que esperar un poco más para gozar de los poderes especiales por un año. El Senado no convertirá hoy en ley la delegación de facultades, que Diputados terminaba de votar esta madrugada. Salvo que ocurra una milagrosa negociación con el gobierno, en la sesión prevista para la tarde el PJ fijará en 6 meses la fecha de vencimiento, en lugar del año aprobado ayer por la Cámara Baja a instancias de la Alianza. Anoche, los senadores negociaban con los diputados una solución: la posibilidad de que reconsideraran allí la votación del plazo de los poderes.

El temor opositor es que 12 meses sirvan para dividir el plan Cavallo en 2 etapas, una «dulce» y populista -previa a las elecciones de octubre-, y otra «dura», de ajuste, en el semestre restante. El neuquino Daniel Baum fue uno de los legisladores que más reparos levantó contra esta fenomenal herramienta electoralista que le entregarían al gobierno. De este modo, el justicialismo obligará a que el último tramo de la Ley Reactivante vuelva en revisión a la otra ala parlamentaria. Anoche, José Luis Gioja negociaba con el radicalismo senatorial sacar éste y otros cambios de común acuerdo, a fin de imponer una mayoría especial de 2/3. Informalmente, Leopoldo Moreau (Buenos Aires) había prestado consentimiento a la eliminación del inciso G, que le permitiría al sucesor de Ricardo López Murphy derogar normas relacionadas con entes descentralizados y empresas estatales. La cláusula parecía demasiado amplia y, en consecuencia, peligrosa en manos aliancistas, a ojos del PJ. Durante la reunión de bloque de la víspera, dedicaron 4 horas a analizar íntegramente la cesión de potestades y sus derivaciones. La deliberación comenzó cerca del mediodía, con una ratificación de José Luis Gioja al frente de la bancada. En realidad, se trató de una ironía hacia Eduardo Bauzá, que en varios diarios «amigos» había sido mencionado como responsable interino del bloque, en ausencia de la cúpula durante el fin de semana. En verdad, había más de una decena de senadores en Buenos Aires, entre ellos los vices Beatriz Raijer (Córdoba) y el mendocino Carlos De la Rosa, y Bauzá sólo actuó como vocero a requerimiento de los «movileros».

Arenga

Gioja, que ya había sido confirmado en el cargo hace un par de meses, se divirtió con la humorada que improvisaron Jorge Massat (Santa Fe), el formoseño Manuel Rodríguez y Julio San Millán (Salta). Por supuesto, agradeció que le hubieran renovado la confianza, en medio del mutis indisimulable de Bauzá. Una vez recompuestos del paso de comedia, Gioja arengó a consensuar una postura unívoca para avanzar en las conversaciones con la UCR y con Diputados. El pampeano Carlos Verna repitió su predisposición a votar los poderes especiales por un año en general, siempre y cuando «los limitemos a un semestres y saquemos el inciso G». Osvaldo Sala (Chubut) aprovechó la ocasión para hacerse el pícaro con Raijer, una de las 2 mujeres del bloque. «¿A vos te parece que habría que eliminar el punto G?», le preguntó con la complicidad de varios compañeros. «Sí, sí», respondió veloz la senadora, enfrascada en los aspectos técnicos y ajena a malos chistes. Por lo bajo, varios se rieron. Para reencauzar la discusión, Gerardo Palacios preguntó si había predisposición para que la norma regresara a la Cámara de origen, si fuera necesario. Los presentes consideraron la moción y la aprobaron, aun cuando no sabían todavía que Diputados se aprestaba a votar 1 año de poderes especiales y no 6 meses como pretendían en el Senado. El flamante representante de San Luis, Héctor Torino (reemplazante de Carlos Sergnese), mostró su intransigencia y directamente planteó: «No tendríamos que dar quórum». La mayoría no tomó en serio la apreciación que adjudicaron a una táctica ya puesta en práctica por los enviados de Adolfo Rodríguez Saá en el recinto. Eduardo Menem señaló que estaba de acuerdo con una cesión «acotada y clara» de funciones. «Tengan en cuenta que se las damos al Presidente y no al ministro», adoctrinó. A la hora de los reproches, se acordaron de Carlos Ruckauf. El santiagueño Jorge Mikkelsen Loth se quejó de que el bonaerense quisiera aparecer como quien destrabó la aprobación legislativa del paquete cavallista. «Ni siquiera Cafiero o Villaverde, que son sus senadores, le hicieron caso», acotó Menem, suscitando adhesiones. Ruckauf se ganó la animadversión de la mayoría por sus reproches a los senadores que buscan la reelección, a pesar del escándalo por las presuntas coimas. Antes de concluir, el titular del bloque propuso la formación de una comisión de control constitucional de poderes especiales por un año.

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