19 de noviembre 2001 - 00:00

Senador ya confronta hasta con los amigos

En su frenesí de peleas, Eduardo Duhalde hasta se enfrentó con los propios. Con los propios del Senado, o afines al menos. Tanto desencuentro continuado -con Carlos Menem, con Carlos Ruckauf, con los gobernadores y buena parte del partido-quizá le aconsejó poner distancia con la Argentina: se fue de viaje por una semana. El colmo de su pasión por la disputa lo marcó la semana pasada, cuando pretendió indicarles a los nuevos senadores, casi todos enrolados en su sector, cómo debían actuar. Simplemente dijo: «Acá hay un nuevo Senado, nuevas caras, los del viejo Senado no tienen que tener posiciones expectantes, cargos, debemos superar lo que la gente piensa de ese cuerpo». Y enarboló una lista de encuestas.

Como es obvio, se indignaron algunos del viejo Senado y, otros, nuevos, hicieron causa común. También otros invitados. En lugar de discutir, se levantaron y saludaron. Allí estaban Luis Barrionuevo (Catamarca), Jorge Yoma (La Rioja), Marcelo Guinle (Chubut), Jorge Pardal (Mendoza), Jorge Busti (Entre Ríos), Ramón Puerta y los gobernadores Néstor Kirchner, Juan Carlos Romero y Adolfo Rodríguez Saá. «Cuándo tenemos que estar todos juntos por la crisis, es de boludo ponerse a discriminar entre buenos y malos, nuevos o viejos.» La frase corresponde, obviamente, a uno de los presentes, indiscutible el origen por su claridad.

Duhalde pretendía interferir en las designaciones de comisiones y, también, en la lerda y confusa negociación por saber si el PJ se quedará o no con la titularidad de la Cámara, que significa, nada menos, que la vicepresidencia de la Nación (cuestión que al gobierno inquieta en demasía). Ya venía cargado el ambiente porque ni los más afectos a Duhalde se ponían de acuerdo, sobre todo porque la senadora Cristina Kirchner demanda ubicación en puestos clave (Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales) y no había disposición a concederle tanto poder. No es la única irritación entre estos hombres poderosos que todavía no zanjaron los tiempos que durarán en sus mandatos (2, 4 o 6 años).

Encuentro

Al día siguiente, en una casa de la avenida Libertador, se produjo un encuentro secreto: parte de los de Duhalde más los del otro sector (¿menemistas quizás?), quienes acordaron distinguirse de Duhalde y, al mismo tiempo, no hacer caso de los pedidos de la Kirchner. En esta operación también se involucran los gobernadores, disgustados por el congreso partidario que hizo Duhalde en Lanús para defenestrar a Menem. Carlos Reutemann ya le advirtió al ex gobernador que no hay un líder superior a otro. Si hasta Carlos Ruckauf promete un distanciamiento. Hay algo en Duhalde que no funciona: no logra crédito entre opositores e independientes; también se separa de los que aparentemente son sus socios. Tal vez el viaje a Brasil, a un spa --cuestión que ya incorporó a su vida como si fuera un trabajole sirva para reflexionar.

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