Sigue pelea Gobierno-Iglesia por el aborto
Sorprendió ayer la dureza del Vaticano al respaldar y ratificar en su función al obispo castrense Antonio Baseotto, a despecho del pedido de renuncia hecho por Néstor Kirchner el mes pasado. Fue a raíz de la desafortunada elección de un pasaje bíblico para responderle al ministro de Salud por la despenalización del aborto. La respuesta de la Iglesia fue oficial veinticuatro horas después de que la Conferencia Episcopal se pronunciara unánimemente en contra del aborto y de la aprobación del Protocolo contra la Discriminación de la Mujer que está a consideración del Senado. Lo apoya el gobierno, pero lo rechaza el PJ. Es otro traspié del Presidente frente a sus enojos de los últimos tiempos con este obispo, con la Shell, la Fuerza Aérea y el FMI.
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Rafael Bielsa, en la foto con el senador Ramón Puerta, durante su exposición ayer en la cámara de senadores.
• Declaración
El martes, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina -compuesta por la veintena de obispos que integran la conducción eclesial-, dio a conocer una declaración en la cual sostuvo que la «destrucción voluntaria» de la vida que se desarrolla en el seno materno «es un crimen». Y tuvo particular repercusión por el enfrentamiento entre el ministro de Salud, Ginés González García y el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, por el mismo motivo. En la declaración -que llevó el título de «Apostemos siempre por la vida»-, los obispos llamaron a la reflexión a los legisladores acerca del « peligro de dependencia cultural que entrañaría la inminente ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW».
CEDAW es el comité sobre la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer y tiene un protocolo que recomienda que el Estado garantice el acceso a los servicios de aborto en los hospitales públicos. «La destrucción voluntaria de la vida que se desarrolla en el seno materno es un crimen, porque el primero de los derechos humanos es precisamente el derecho a la vida, que debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte natural», afirmaron los obispos católicos. Los obispos afirmaron que los derechos de la mujer «no pueden depender de acuerdos o recomendaciones que pretenden garantizar la práctica del aborto como un servicio público». La dureza del pronunciamiento tiene que ver con la creencia de los prelados que el Senado ratificaría en forma inminente el Protocolo.




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