30 de junio 2005 - 00:00

Siguen Cascos Azules en Haití

José Pampuro
José Pampuro
El jefe del hospital móvil de la Fuerza Aérea, ubicado en Haití, comodoro Julio César Artesana, informó al Estado Mayor Conjunto que se atendió a un soldado brasileño gravemente herido en un enfrentamiento con pandilleros del barrio Citie Soleil. La noticia conmovió al Ministerio de Defensa pues confirma una pesadilla: la proximidad de las elecciones acentuó la violencia que pone en serio riesgo a los Cascos Azules desplegados en el país caribeño.

El viernes pasado hubo otra señal indicadora de la gravedad de la situación: el teniente coronel Carlos Pérez Aquino, titular del batallón conjunto argentino con base en la ciudad de Gonaives, recibió la orden de desplegarse en acciones directas para sofocar desmanes, confiscar armamento y rastrillar la zona de responsabilidad en búsqueda de agitadores violentos. Todas actividades que rozan el límite con la función policial que tanto revuelo armó en el Congreso cuando se votó la ley que autorizó la salida del país a las tropas criollas. Otro antecedente fue cuando tiradores furtivos dispararon contra el dispositivo de seguridad que se había desplegado cerca del hospital de la Fuerza Aérea para proteger el traslado del ex premier Ivonne Neptune. Neptune, preso, acusado de una matanza de civiles en la revuelta que terminó con el gobierno de Aristide, había sido atendido en el hospital reubicable con la aprobación de la Cancillería.

El comandante de la Misión de Estabilización en Haití (Minustah), general brasileño Augusto Ribeira, tomó esa decisión para la totalidad de la fuerza de la ONU ante un recrudecimiento de secuestros, crímenes políticamente intencionales, violencia urbana y enfrentamientos entre pandilleros seguidores del depuesto presidente Aristide.

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y su par chileno, Jaime Ravinet, confirmaron en un encuentro bilateral que Naciones Unidas pidió ampliar la presencia de la misión de paz en Haití hasta el próximo 15 de febrero. La resolución del Consejo de Seguridad da cuenta del grave clima de inseguridad y del interés en mantener la fuerza internacional hasta que asuma el nuevo gobierno. También pide un aumento de los soldados, algo que Defensa está lejos de cumplir. La opinión compartida por Pampuro y Ravinet es que más que fuerza militar lo que requiere Haití es logística y fondos para el desarrollo. Ambos manifestaron su «preocupación» por la «lentitud» en el envío, por parte de la ONU, de los recursos para el mantenimiento de los Cascos Azules. Como se sabe, el país debe afrontar con el presupuesto de Defensa el envío de los soldados y luego esperar que la ONU reintegre los gastos. La Argentina y Chile han enviado unos 600 efectivos cada uno a Haití como parte de la misión de estabilización de la que también forman parte militares de Brasil, Bolivia, Ecuador, España, Guatemala, Paraguay, Perú, Uruguay, Benin, Canadá, Croacia, Filipinas, Francia, Jordania, Marruecos, Nepal y Sri Lanka.

• Enfrentamientos

Las fuerzas de la ONU han sido criticadas por no combatir decididamente a las bandas armadas que día a día se enfrentan a favor y en contra de Aristide. Esta es sólo una expresión de la violencia que en rigor tiene raíces más profundas, como la grave situación social de postergación histórica y ausencia de inversión. La misión de las Naciones Unidas liderada por Brasil reemplazó a la fuerza encabezada por los Estados Unidos, junto a Canadá y Francia, que fue emplazada en Haití después de la revuelta que derrocó al presidente Jean-Bertrand Aristide el 29 de febrero de 2004.

Esa fuerza tampoco tuvo éxito en desarmar a los sectores en pugna y se diría que cedió el escenario a países de Latinoamérica para evitar mayores costos políticos. Brasil debe lidiar ahora con la responsabilidad militar de conducir la misión de los Cascos Azules mientras que Chile tiene la máxima responsabilidad política del conflicto en dos hombres clave: el embajador Gabriel Valdez, representante especial de la ONU para Haití; y el embajador José Miguel Insulza, secretario general de la OEA. Jaime Garreta, secretario de Asuntos Militares, llevó el mensaje de preocupación de Pampuro a los Estados Unidos. Habló hace ya dos semanas directamente con el jefe del Comando Sur del Ejército estadounidense, general Ben Craddock.

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