Sin ceder, el PJ ensaya hoy primer encuentro post-París
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José M. Díaz Bancalari
Pero no es nada fácil. Y el nicoleño lo confesó anoche en ronda de compinches. «Puedo conseguir un acuerdo pero tampoco soy Mandrake», dijo cuando le comentaron las declaraciones de Solá respecto de que el Presupuesto debía, por pedido de Kirchner, ser aprobado sin un retoque.
Asoma, en principio, un piso de entendimiento: el duhaldismo rehusó rechazar el veto que el gobernador anunció el lunes de la semana pasada.
Pero de ahí a que, cuando Solá gire el nuevo texto, no se produzca un debate y hasta se introduzcan cambios, hay un océano de distancia.
Así y todo, Bancalari rastreaba ayer a sus colegas bonaerenses para inyectarle la buena voluntad que le prometió a Kirchner en París. «El duhaldismo no le va a poner trabas al gobierno de Solá», recitó por la radio.
Tanta dedicación encontró eco en La Plata: Florencio Randazzo anuló una cita con jefes opositores que detonaría otra embestida contra el duhaldismo. Randazzo, inagotable agitador del felipismo, había armado esa cumbre cuandolos pronósticos indicaban que el peronismo se sumergiría en el peor de los mundos posibles. Ayer levantó el teléfono y postergó, sin fecha precisa, una ronda que era sal pura en una herida abierta. Todos esos gestos remiten al objetivo primordial: morigerar el tono de confrontación para facilitar que se restablezca el diálogo entre Solá y la Legislatura, roto desde la tarde del 28 de diciembre último, horas antes de que los duhaldistas votaran el Presupuesto que luego vetó el gobernador.
En aquel día de furia se abrió otra grieta que Bancalari debe coser. La fractura en el bloque del PJ que luego se ensanchó cuando los felipistas, comandados por Raúl Pérez y Nicolás Dalesio, acusaron al duhaldismo de armar una «caja negra» con el presupuesto de la Cámara de Diputados.
En el bloque que conduce Juan Garivoto no se ven indicios por ahora de la posibilidad de una amnistía para los autores de aquella acusación.
Frente a eso, Bancalari, como mediador tiene apenas un puñado de horas para desanudar una maraña enrevesada y con numerosas ramificaciones. Por eso, ante sus amigos, sostiene que no está entre sus dotes la de hacer magia como Mandrake.



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