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Al conocerse ayer los detalles de las exigencias del Fondo Monetario para darle ese miniacuerdo al actual gobierno surge evidente que es casi imposible tenerlas encaminadas al 14 de marzo próximo, cuando lleguen los expertos de ese organismo a efectuar el primer chequeo y antes de fin de mes, cuando deban resolver sobre el cumplimiento o no de la Argentina. Allí vendrá una decisión política internacional. Si el Fondo hace caer por incumplimiento el acuerdo, complicaría al extremo la elección del 27 de abril y no le conviene a nadie. Entonces perdonaría o haría la vista gorda. Ahora, si el Fondo ve los incumplimientos y por las peleas judiciales se debiera postergar la elección, directamente daría por caído el miniacuerdo y la Argentina entraría por segunda vez en default con organismos internacionales cuando recién acaba de salir.
Tampoco hay que caer en las alarmas exageradas de quienes no interpretan bien la carta de intención difundida. El Fondo Monetario va a exigir en marzo esencialmente el cumplimiento de las metas monetarias y fiscales, si quiere decirlo de otro modo, de emisión de moneda y recaudación, con lo cual mide principalmente tendencia inflacionaria, gasto público y superávit resultante o no.
Pero no va a ponerse estricto con que se reforme el sistema financiero, cambie la carta orgánica del Banco Nación, se modifique la coparticipación provincial de impuestos nacionales y otras macrodecisiones que no se le pueden exigir a un gobierno al que le quedan 100 días de gestión y que, además, nunca mostró ninguna vocación por enfrentar los problemas de fondo de la Argentina cuya solución requiere alto costo político. Al contrario, el duhaldismo ha usado y piensa seguir usando sus 17 meses de transición para buscar asegurarse su continuismo en la política argentina tras tomar el poder que no le concedieron las urnas.
Esos postulados macroeconómicos tienen que estar en toda carta de intención y, de hecho, algunos vienen repitiéndose desde hace tiempo.
Pero sí es sagrado para el Fondo la elección el 27 de abril porque esos postulados «de siempre» en las cartas de intención se lo exigirán al gobierno que surja con 4 años y medio de gestión por delante.
Por supuesto que el Fondo no está calculando para nada que el día 26 de mayo, primera jornada del futuro nuevo gobierno, se encuentre con otro duhaldista en la Presidencia y de nuevo enfrentándose a Roberto Lavagna y sus triquiñuelas -sin riesgo porque se va- en gestiones de acuerdo. Obsérvese que Lavagna y el canciller Carlos Ruckauf debieron ser bajados a último momento del avión hacia Davos porque, de lo contrario, Eduardo Duhalde no lograba la entrevista con Anne Krueger, la número 2 del organismo.
Todo esto lo ampliamos en esta edición, donde también observará el lector que la elección interna fijada para el 30 de marzo en la provincia de Buenos Aires -convocada por el mismo duhaldismo que la niega en el orden nacional- avanza a ser vaciada por los opositores dentro del partido, sobre todo por el bonaerense que encabeza la intención de voto Aldo Rico. Pero, curiosamente, tendría que haber interna porque hay distintas aspiraciones de cargos departamentales o concejalías entre el mismo duhaldismo o intendentes cercanos.
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