Sin los votos, el gobierno ahora lo que compra es tiempo

Política

Ganar tiempo. Esa es ahora la estrategia del kirchnerismo en Diputados sobre el debate de la ley de ratificación de las retenciones móviles. En un primer momento, el gobierno tenía la seguridad de contar con los votos necesarios para imponer en el recinto la ratificación de la Resolución 125 sin problemas. Pero los testeos de días posteriores entre las voluntades del kirchnerismo indicaron otra realidad. Frente a esa cuestión, el oficialismo eligió mantener su posición de fuerza y negociar un paquete de leyes sobre el campo, pero sin tocar el núcleo central del problema: el porcentaje de las retenciones. Sabe el bloque que conduce Agustín Rossi que no podrá llegar a votar las retenciones móviles como quiere el gobierno sin generar un nuevo foco de conflicto, quizás más grave que el vivido hasta ahora. Por eso la necesidad de negociar y ganar tiempo. Más cuando Cristina de Kirchner reforzó ayer su posición al decirles a los ruralistas que la discusión era ahora «una cuestión de mayorías y minorías». Es decir que si quieren modificar la Resolución 125, deberían conseguir los votos para hacerlo.

Cambios, por lo tanto, no serán autorizados y los diputados oficialistas deberán arreglarse para evitar una derrota. Por eso Rossi seguía ayer releyendo «El arte de la guerra», el libro de Sun Tsu sobre el arte de la batalla que tiene de cabecera desde hace tiempo. Una frase de esa obra retumbaba ayer por los pasillos del bloque kirchnerista: «Dar audiencias es competencia del soberano; decidir en materia de combate incumbe al general». No es difícil adivinar a quién le cabían esos roles.

El plazo de votación de la ratificación de las retenciones móviles, entonces, podría estirarse por varias semanas, lo reconoció ayer hasta el hiperoficialista Edgardo Depetri, cuando habló de un debate que podría demorarse. Lo dijo también el cordobés Alberto Cantero Gutiérrez, presidente de la comisión de Agricultura, que ya anunció reuniones de ese cuerpo por lo menos hasta el viernes. Llenarán la agenda de la comisión con citaciones en invitaciones, no sólo a los hombres del campo: también estarán organizaciones sociales, organismos oficiales, secretarios, subsecretarios. Es decir, toda una galería de visitantes que raramente pueblan las reuniones de comisión del kirchnerismo. Todo sea por ganar tiempo.

  • Necesidad

    Bajo ese nuevo esquema el kirchnerismo no quiere llegar ya mismo a la votación. No sólo porque hasta el bloque kirchneristas le teme a la reacción popular que puede venir en la hora después de una votación donde se ratifique sin anestesia la Resolución 125, sino porque también necesitan ese tiempo para seguir negociando e intentar convencer al campo y a los rebeldes con el paquete de medidas alternativas sobre leche, carne, trigo, arrendamientos, compensaciones, subsidios y hasta obras públicas en provincias, con el que quieren rodear el pedido de Cristina de Kirchner.

    Mientras el kirchnerismo organiza esos malabares, que arrancaron oficialmente anochecon la reunión de las comisiones de Asuntos Constitucionales y Agricultura, hace tiempo también para otra puja silenciosa que mantiene, esta vez con el propio Néstor Kirchner. Esperan que en algún momento Cristina de Kirchner y su marido habiliten al bloque oficialista a hacer alguna modificación al proyecto en materia de alícuotas de retenciones, una idea que la oposición también sostiene en casi una decena de proyectos.

    Esa señal no llegó ayer después de la reunión entre Cristina de Kirchner y los presidentes de las cuatro entidades, junto con Alberto Fernández y Florencio Randazzo. Algunos diputados de la mesa del conducción del bloque kirchnerista se llegaron a ilusionar con la posibilidad de que la Presidente aprovechara el levantamiento de todas las protestas y los cortes de ruta para anunciar una suspensión de la aplicación de la Resolución 125 mientras el Congreso debatía su ratificación. Una decisión así hubiera descomprimido el ambiente enrarecido que se vive por estos días entre el oficialismo en el Congreso.

    Todo lo contrario: aunque los hombres del campo anunciaron antes de ingresar a la Casa Rosada que pedirían la suspensión de las nuevas retenciones por 60 días, no sólo no hubo respuesta al pedido sino que los remitió nuevamente al Congreso para discutir la situación.

    Así todo volvió a cero para el Congreso. Cuando el proyecto de ratificación de las retenciones llegó al Congreso, la estrategia del kirchnerismo apuntó a apurar el tratamiento para evitar un desgaste en las propias filas. Ahora Agustín Rossi necesita tiempo. No tendrá problemas en demorar las conversaciones en comisión, más aún cuando el gobierno está a gusto con el nuevo statu quo de la protesta con caminos abiertos y comercialización de granos.

    Deberá, mientras, poner la cara ante los hombres del campo a los que la Presidente mandó ayer a dialogar con el Congreso a los que deberá convencer con los mismos elementos que el gobierno les ofreció durante la crisis en materia de mejoras en lechería, carnes y trigo, y que al campo no le bastaron ni para levantar un corte de ruta.
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