El gobierno sufrió ayer un revés en el Congreso donde más le duele. La falta de quórum impidió que el Senado comenzara a juzgar a Eduardo Moliné O'Connor, un tema impulsado por Néstor Kirchner como prioritario de su gestión. Peronistas disconformes con la acción política del Ejecutivo en el interior -respaldando a candidatos que van por afuera del Partido Justicialista-, radicales y hasta provinciales coincidieron en rebelarse contra los manejos de Cristina de Kirchner, responsable de la comisión que sigue el proceso. El inicio del absurdo juicio político -la llave para lograr una nueva vacante en la Corte Suprema- quedará postergado nada más que por una semana, pero el gesto de ayer es toda una advertencia para el gobierno.
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