2 de junio 2006 - 00:00

Sindicalistas radicales no quieren ser "gordos"

La crisis del radicalismo ha hecho revivir antiguas prácticas de ese partido que parecían olvidadas, como la publicación de periódicos partidarios. La liga de trabajadores de la UCR (OTR) dedica el editorial de su último número a poner a esa organización del lado de los radicales que no quieren acuerdo alguno con el kirchnerismo. Veamos un fragmento de esa nota publicada en el periódico «La Muralla», donde los sindicalistas UCR se niegan a sentarse en la mesa de los «gordos» del peronismo que abanican hoy al gobierno Kirchner.

El debate instalado en el seno partidario gira en torno a seguir siendo radicales o integrar el amontonamiento oficial; la excusa de la necesidad de la convivencia pacífica y la voracidad económica de gobernaciones e intendencias radicales que al amparo de tener que compartir con el gobierno nacional o los provinciales de signo peronista son sometidas al chantaje oficial pro obras públicas les hace pensar que adquieren el derecho de poner al radicalismo en cualquier mesa de negociación, y nos someten a todos los radicales del país a la disyuntiva de hacernos oficialistas por conveniencias económicas distritales o confrontar con el gobierno y sufrir las consecuencias del aislamiento político y económico del poder kirchnerista, pero con autonomía política.

La falta de compromiso con la UCR es la consecuencia directa de la crisis ideológica denunciada por la OTR.

Desde los tiempos no tan lejanos del gobierno aliancista, sosteníamos entonces que estábamos en el último escalón de la crisis antes de la disolución; hoy estamos en el proceso de la disolución partidaria.

A este tétrico panorama político debemos agregar Parlamentos genuflexos del poder transformados en simples escribanías de gobierno como parte del proceso de destrucción en marcha y con riesgo cierto de ser eliminados del escenario político ya que se someten al arbitrio del poder, entrando en una espiral de desprestigio, incompetencia e ineficacia a los ojos de la sociedad que los hará vulnerables y reemplazables por cualquier alquimia política en el corto plazo, como los propios partidos que le dieron sustento y encarnadura con su propuesta electoral.

¿Serán los acuerdistas con el oficialismo los sepultureros y terminarán ellos mismos en la profundidad del ocaso político? ¿O serán los que comprendan la magnitud del fenómeno los que podrán evitar el anunciado fin del radicalismo?

  • Tareas pendientes

    Tres tareas fundamentales quedan por encarar para evitar la debacle final, « hacer concreto lo difuso, hacer certero lo confuso y hacer visible lo invisible» significa asumir un discurso unívoco desde la conducción partidaria, terminando con la histeria de que cada dirigente tiene una posición propia y la expresa públicamente ayudando al desmadre partidario. Asumir que somos un partido opositor y por lo tanto lo único que espera la sociedad de nosotros es propuestas concretas que ayuden a resolver los problemas cotidianos de la gente. Hacernos visibles implica usar nuestra fuerza parlamentaria, única representación partidaria de alcance nacional, para marcar claramente las diferencias con el poder político encarnado por el kirchnerismo y el poder económico que digita desde las sombras la vida de los argentinos, y por último avanzar en la construcción de una fuerza política más ancha que el propio radicalismo, manteniendo nuestra autonomía política que apunte a la unidad de los iguales y que con vocación de poder dispute electoralmente contra el hegemonismo antidemocrático.
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