28 de febrero 2005 - 00:00

Solá ensaya tregua y va a la Legislatura

Felipe Solá
Felipe Solá
Típico de guerra posmoderna: fue un duelo a la distancia, sin ver la sangre ni al enemigo. Durante dos meses, Felipe Solá y los diputados -y en menor medida los senadores- del duhaldismo se zambulleron en una cruenta pulseada que, sin embargo, nunca los puso frente a frente.

Pero mañana, el gobernador visitará la Legislatura para inaugurar el período de sesiones ordinarias de 2005.

Será, tras un verano tórrido y feroz para el PJ de Buenos Aires, el «reencuentro» entre Solá (que hoy compartía otro acto con Néstor Kirchner) y sus rivales más feroces, uno de los cuales - Osvaldo Mércuri, presidente de Diputados- estará sentado a su lado cuando el gobernador lea su mensaje al Parlamento.

Desde la semana pasada, el gobernador recopila información para engrosar con datos de «gestión» el contenido de su discurso ante la Legislatura. Fue tanta y tan aparatosa la trifulca política que desde el 14 de diciembre último casi no hubo metraje referido a la cuestión administrativa.

Y ahora, con un primer capítulo cerrado -logró el PFO y que le acepten el veto para enviar un nuevo proyecto de Presupuesto-, Solá quiere recuperar lo que, considera, es su principal capital: la gestión, justamente un rubro que se desdibujó bajo el impacto de la riña partidaria.

Por eso, el mensaje que comenzó a bosquejar el fin de semana prioriza los ítem de gobierno y, en principio, desplaza la pendencia política. De todos modos, es un hecho que Solá mechará algún comentario, siquiera una frase ácida contra sus ex compañeros de lista.

• Agitación

Los movimientos de los últimos días, en rigor, volvieron a agitar el campamento bonaerense. La polémica entre Solá y Chiche Duhalde y la salida forzada de Juan Amondarain de la jefatura del bloque de Senadores del PJ contribuyeron a ese ánimo belicoso.

Primero lo táctico.
Duhalde firmó el acta de permanencia del platense Amondarain en la cima de la bancada del Senado provincial.

Amondarain
es socio político de Julio Alak -uno de los intendentes felipistas con mayor poder territorial- y aliado de Solá.

Este diario lo había anticipado en diciembre último. Con mayoría duhaldista, el bloque no permitiría por mucho más tiempo a Amondarain como jefe. En pocos días, ese «golpe» se concretará para nombrar a
Raúl Torres, alter ego del intendente de 3 de Febrero, Hugo Curto.

Pero nada es gratis. Amondarain se despidió por anticipado de ese sillón cuestionando a
Chiche Duhalde -«es desestabilizadora», dijo- y advirtiendo que es posible que el bloque se fraccione: sobre 35 senadores, hay seis o siete (según quien haga la cuenta) enrolados con Solá.

Así está el Senado, mientras en Diputados, esta vez más silenciosos, los felipistas preparan un «punch» para desbarrancar a
Isidoro Laso y quedarse con la vicepresidencia de la Cámara. En esa casa, como en el PJ todo, hay aires de ruptura.

Con ese ruido de fondo, Solá se cruzó con
Chiche Duhalde por un inoportuno comentario -sobre todo tratándose de una mujer que construyó su imagen pública en torno al trabajo social- en el que señaló, con desprecio, al gobernador como un «adoptado» político.

Chiche citó
la fábula del tortugo que es hijo adoptivo de una paloma y, como no lo sabe, quiere volar como sus padres pero no lo logra. La diputada, que está de precampaña, quiso jugar con la no pertenencia de Solá al peronismo de Buenos Aires. Pero le salió mal.

«Fueron palabras no felices»,
dijo Solá y contó que dos de sus hermanas tienen hijos adoptivos, uno de los cuales se «angustió» cuando escuchó los dichos de la ex primera dama. A su vez, el gobernador dijo sentirse « orgulloso» de no pertenecer a la « familia duhaldista».

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