Solá intenta evitar el efecto Rovira
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En La Plata deslizan una diferencia que definen, no sin ambigüedad, como «de métodos» una crítica nada sutil al manejo clientelar que se atribuyó al gobernador misionero y a su actitud «autoritaria».
Sin embargo, hasta la noche del domingo, cuando perduraban los pronósticos auspiciosos, Solá tenía listo el helicóptero oficial para la eventualidad de que si triunfaba Rovira se le ocurra viajar a Misiones para saludar y aparecer en una foto de reelección ganadora. No hubo vuelo. Para escapar del golpe, ayer Solá se mostró como la contracara de Rovira: por la tarde recibió a un grupo de dirigentes opositores, encabezado por Jorge Macri y Rito Basualdo del PRO, al que invitó a «mejorar el diálogo» entre oficialismo y oposición.
¿Buscó con eso dar un perfil menos cerril que el misionero que consiguió la hazaña de reunir enfrente a extremos como la CTA y Ramón Puerta? Todo indica más allá que, a su lado, rápidamente se hayan encargado de afirmar que «siempre tuvo disposición para el diálogo».
Por lo pronto, el puñado de opositores que lo visitó ayer le ratificó que están en contra de su planteo continuista.
- Yo estoy seguro de que tengo derecho a otro mandato porque una sola vez fui electo gobernador -afirmó Solá.
- Nosotros no tenemos dudas de que la Constitución es muy clara y que impide la reelección tanto del gobernador como del vice -lo cruzaron, cordiales, Macri y Basualdo.
- Esa es la opinión de ustedes: yo tengo otra -sonrió el gobernador.
Sintonizó, en cambio, en otros aspectos: prometió estudiar una reforma del régimen electoral en lo referido al sistema de repartos de bancas -cociente- y empujar en conjunto la sanción de una ley en el Congreso nacional para que se aplique el voto electrónico en la provincia.
Un rato más tarde, para tapar con elogios las quejas que le habían dejado los críticos, Solá atendió a aliados del Frente Grande (FG), el Partido Proyecto Popular (PPP) y el Partido Acción Nueva (PAN), comitiva encabeza por Carlos «Tommy» Díaz e Iván Maidana.
Pero ni con eso, ni el halago meloso de los propios, logró ahuyentar un temor que capturó a Solá la noche del domingo: que luego del traspié en Misiones, sea el propio Kirchner quien le pida -o le ordene- que desactive su plan de reelección.




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