«Si vuelvo a ser gobernador, mi trato con ustedes va a ser otro: tenemos mucho para hacer juntos», dijo Felipe Solá antes de, sobre el filo de la cena, levantar la copa y brindar entre sonrisas con quienes fueron, largo tiempo, sus más feroces enemigos políticos.
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Sobre ellos, el jueves pasado, en el golf club de Ranelagh, en Berazategui, el gobernador desplegó su plan de acción para pelear en la Justicia por un tercer mandato y los tentó con que, si eso ocurre, la malquerencia mutua con los alcaldes del PJ se diluirá.
Excepto Sergio «Chino» Villordo, intendente de Quilmes, que responde sin intermediarios a Aníbal Fernández, todos los jefes comunales de la Tercera Sección aceptaron la invitación al asado que organizaron el local Juan José Mussi y Baldomero «Cacho» Alvarez, de Avellaneda.
De allí, Solá salió convencido de que tiene el respaldo «total» de los intendentes -salvo Villordo, claro-. No tan efusivos, los caciques se mostraron a favor de que el gobernador intente el recurso judicial, pero pusieron como condición que haya una señal de Kirchner.
Hubo, claro, posturas más estruendosas. Aníbal Regueiro, de Presidente Perón, defendió a Solá: Regueiro pulsea contra Oscar Rodríguez y Mabel Müller que controlan el Concejo Deliberante y husmean entre los papeles para encontrar argumentos para destronarlo.
Antiguo amigo del gobernador, también Enrique Slezack, de Berisso, se mostró sin matices detrás de Solá. Otro que enhebró elogios sobre el pretendiente a un tercer mandato fue «Cacho» Alvarez que 48 horas antes le había dado su respaldo a José «Pepe» Pampuro. Esa dualidad, para el felipismo no parece grave. De hecho, en La Plata, al senador no lo ven como un peligro: suponen que Pampuro está en carrera sólo para animar el supuesto de una competencia electoral que quedará allanada cuando Solá obtenga el aval judicial.
El gobernador está convencido de que ese trámite, aunque engorroso, le será finalmente favorable. El jueves anticipó, en la sobremesa, que recurrirá a la Junta Electoral y no a la Suprema Corte. Y que usará como paraguas electoral el Partido para la Victoria.
Alejandro Granados (Ezeiza), Manuel Rodríguez (Almirante Brown), Julio Pereyra (Florencio Varela) y Jorge Rossi (Lomas de Zamora), entre otros, se sentaron a la mesa con Solá y no lo interrumpieron con reproches ni tachas cuando habló de su pretensión continuista.
Deslizaron, sin embargo, que para expresar su apoyo a la postulación del gobernador deben alinearse dos factores: la habilitación judicial y el guiño de Kirchner para que Solá sea el candidato. «El apoyo vale ahora, cuando eso ocurra nadie se opondrá», avisan en La Plata.
La cena del jueves tuvo otro dato de peso: luego de una larga pelea con Solá, Florencio Randazzo se puso al frente del operativo re-reelección y por eso estuvo en el encuentro en Berazategui, junto al jefe de Gabinete bonaerense, Mario Oporto.
Si los intendentes se mostraron, sino a favor de la rereelección al menos no patalearon públicamente contra ese intento de Solá, el peronismo -espacio donde deriva la mayoría de los jefes comunales del conurbano- milita contra la jugada del gobernador,
Y el PJ no está solo: circula casi en secreto un texto para que los partidos opositores de la provincia reaccionen globalmente contra la pretensión continuista de Solá. Hubo algún sondeo para que se sume el peronismo oficial de la provincia, pero se rechazó la oferta.
Quizá Solá debería mirar más hacia adentro que hacia los partidos rivales. Tiene, entre otros muchos, dos asuntos complicados, sin contar el irresuelto caso López, que intenta superar:
Uno en la Justicia, porque la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo pide un lugar en la Junta Electoral, cuerpo que integran 5 miembros, uno de los cuales pretende para sí la Cámara en lo Contencioso. El titular de ese tribunal es Gustavo Daniel Spacarotel, que no sería proclive a autorizar una reelección.
Otro en la Legislatura donde avanza un intento para desplazar a Juan Amondarian de la vice del Senado; Amondarain es un soldado de Solá, al que un club de senadores formado por kirchneristas puros, ex duhaldistas -que responden a Dámaso Larraburu- más los delegados de Alberto Balestrini y Julio Alak: quieren poner en ese lugar a Aldo San Pedro. Si la embestida contra Amondarain diera resultado, sería un golpe para el gobernador.
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